La llamada de Manuel Méndez Pladellorens

Acerca de la novela La llamada de la esperanza

por Jorge Branco Gonçalves – periodista cultural y poeta luso afincado en Barcelona

La llamada de la esperanza

La llamada de la esperanza, la novela del autor chileno-español Manuel Méndez Pladellorens (en vías de publicación en España por la Editorial Niram Art), es una historia de amor prohibido con la que muchos lectores se pueden identificar. El autor sorprende detalladamente, con sensibilidad y perspicacia, el proceso del surgimiento del amor entre un hombre, Francisco y una mujer, Antonia, que trabajan juntos en una oficina. Sobre el proceso creativo y la labor del escritor, el autor confiesa sentirse atraído por las historias, por los cuentos, ya que “cuando se me ocurre una idea, trato de plasmarla rápidamente en algún documento, y deseo que el resultado final sea un fiel reflejo de lo que pensé en un primer instante. Por lo general, no modifico su contenido pues trato de evitar crear otras escenas que transformen estos escritos en novelas, aunque no siempre lo logro (algunos escritos fueron originalmente cuentos y los transformé en novelas, aunque no es lo usual). Me gusta mucho escribir, pero lo hago para mí, para satisfacer mi espíritu.”

Los dos personajes, Francisco y Antonio son esbozados brillantemente, pero a lo largo de la novela, el personaje principal es lo cotidiano. Es aquí, en lo cotidiano, donde residen el encanto de la novela y el talento de su escritor. Manuel Méndez Pladellorens sabe transformar los actos cotidianos en verdaderos actos con significado, simbólicos, revelando lo oculto, lo transcendental detrás de las acciones humanas más comunes. Y también aquí reside la fascinación que despierta en sus lectores. Cada uno de nosotros hemos vivido alguna experiencia parecida, hemos conocido a algún Francisco o alguna Antonia, nos relacionamos y vibramos con la historia de ellos. Cada uno de nosotros conocemos sus pequeños gestos, sus confusiones, sus intuiciones, sus palabras no dichas, sus sonrisas y sus emociones, porque son también las nuestras. Al describir la novela, su autor la define así, haciendo hincapié en su aparente “normalidad” o “frecuencia”: “Se trata del amor prohibido entre una pareja de amantes, tal vez una historia algo frecuente en otros seres humanos, pero con experiencias particulares y extrañas que tratan de ocultar tanto como les fuese posible. Dos trabajadores, Antonia y Francisco, casados con otras personas, conviven diariamente en las oficinas de su empleador, sin darse cuenta de que están realmente enamorados entre sí, descubriendo su amor, quizás tardíamente, al dejar de trabajar juntos en la empresa.”

El amor es el sentimiento que domina en toda la novela, a veces escondiéndose, a veces revelándose. El tema principal del libro podría resumirse de esta manera: “el amor de lo cotidiano”, “lo cotidiano del amor”. Eso sí, siempre y cuando se trate de un amor verdadero. Porque, piensa el autor, “para mí, el amor es tan esencial en nuestras vidas que cuando es sincero también es desinteresado e irradia paz, y donde hay paz existe alegría, y sin alegría quizás no podríamos seguir existiendo. Pero hay muchos que desconocen el verdadero amor y se casan y se separan como si ello fuese lo más natural del mundo, confundiéndolo, tal vez, con la pasión, el frenesí o un simple capricho de un determinado momento o período de tiempo.” O, en las palabras del poeta portugués Fernando Pessoa,

Amor es lo esencial.
Sexo, mero accidente.
Puede ser igual
O diferente.
El hombre no es un animal:
Es carne inteligente,
Aunque algunas veces enferma.

Estas frases del autor pueden ser tomadas también como advertencia, como un consejo a los lectores del libro: buscad el amor verdadero, no os dejéis engañar por las falsas pasiones del cuerpo. Una advertencia que está escrita también en el Preámbulo del libro: no se le puede hablar de amor a quien no lo conozca, pues… ¡¡no lograría entenderlo!!. Reconociendo la fuerza despótica de lo cotidiano en su novela, el escritor se siente obligado a advertirnos también: “Esta es una historia ficticia basada en la imaginación y sueños del autor. En estas circunstancias, con varios hechos nacidos de nuestra fantasía, se logró configurar una historia que pudo haberle sucedido a cualquier persona, con todas las alegrías y penas propias de un drama nacido al calor de un amor prohibido. Al leerla sólo analícela con altura de miras. No obstante, cualquier situación que usted, amable lectora o lector, conozca y se asemeje a estos acontecimientos, no tenga ninguna duda de que se trata sólo de una simple y extraña coincidencia.”

La construcción de los personajes es pormenorizada y el autor sabe revelar, en unas pocas frases claves, la esencia de la personalidad de los personajes. Francisco es retratado desde las primeras páginas de la novela como “un tipo tímido con las mujeres, pero, al comenzar a trabajar, consideró llegado el momento de ocultarlo ante los demás, creándose a sí mismo, el cartel de mujeriego, aunque ello no cuadraba con su real forma de ser.” Antonia, la que sería su amante, “era una atractiva muchacha de unos veintiséis años de edad, algo delgada y de mirada fuerte y directa. Parecía ser la dominadora de la situación pero, en su pecho, el corazón le latía aceleradamente.”

Un hombre tímido y responsable, serio y trabajador. Una mujer joven y bella y llena de contrastes. Más tardes, se nos revela como una mujer algo introvertida, que lucha contra la soledad de su casa, víctima de un matrimonio sin hijos, con un hombre mayor que ella. Antonia, como personaje femenino, esta construida con base en contrastes. La juventud y la belleza, en oposición con la soledad y la falta de hijos. La mirada fuerte y directa, en oposición con los latidos acelerados de su corazón. La mujer-enigma, cuya belleza deja revelar ansias, un secreto, una víctima de su cotidiano gris, pero también su “dominadora”. Esta aparente contradicción entre la fragilidad y la fuerza será el ingrediente principal de su fuerza magnética de seducción.

Antonia, pues, comienza a trabajar en la misma oficina de Francisco y despacio, gradualmente, entre tareas y sonrisas, entre sucesos audaces y hesitaciones, surge el amor. El autor da mucha atención a este proceso de enamoramiento, no lo acelera, lo registra con la rigurosidad de alguien que toma observaciones en su diario: “Un día, a la salida del trabajo, Francisco y Antonia se encontraron fuera del edificio. Ella estaba parada mirando hacia una esquina mientras él pensaba dirigirse hacia el lado contrario. Dudó por algún momento en entablar conversación con la mujer, pero pudo más su deseo de ayudarla en cuanto fuese necesario.” Es un proceso largo, principalmente debido al carácter solitario de la joven mujer: “La respuesta de Antonia solía ser breve y precisa. No parecía agradarle mucho entablar conversaciones con nadie, ni siquiera con su jefe.” Cada palabra con doble sentido, cada mirada queda registrada con máxima importancia. El arte del detalle es el arte del amor.

Inevitablemente, surge el primer beso y con ello las situaciones incomodas en la oficina. “Para Francisco, su único deseo era estar junto a ella, y trataría de hacerlo no importando el horario, ni cual fuese el lugar de encuentro.” Un capítulo entero es intitulado precisamente así, “Diversas ocasiones en el departamento”, y está repleto de emociones: nervios, esperanzas, intranquilidades, besos, abrazos, molestias. Poco a poco, la aparente frialdad de Antonio cede, transformándose en llamas. “Antonia se dejaba estar. Hacía todo cuanto le indicaba el hombre, sin oponer resistencia alguna, como si la situación y el entorno del lugar fueran de su total agrado.”

El punto culminante sin embargo no llega, los dos amantes no consiguen  cumplir su amor y una noticia tremenda choca su cotidiano. Antonia se había quedado embarazada de su marido lo que pone fin a los sueños de amor. “Por la mente del hombre había pasado antes, como relámpago, la idea de que, algún día, antes de concebir un hijo, Antonia se pudiera haber ido con él. Pero, ahora, era muy difícil. Y no sabía, ni quería pensarlo, cómo podría ser su vida, a partir de este momento, sin tener la cercanía sentimental de su querida Antonia.”

Como en cualquier buena historia de amor, el invierno gélido de la separación se coloca entre los dos amantes, poniendo a pruebas su amor. Los años pasan, la soledad aumenta, surgen malentendidos y desconfianza. ¿Será el amor capaz de superar lo cotidiano? De repente, la llamada de Antonia en una noche triste y banal rompe el silencio y desencadena una pasión reforzada: “Francisco la quedó mirando fijamente. Luego, la volvió a tomar entre sus brazos y le dio un beso tan efusivo como nunca hubiera recordado habérselo dado antes. La llamada de Antonia le había hecho renacer la esperanza de estar con ella para siempre, y esa posibilidad no la dejaría escapar en esta nueva oportunidad brindada por el hado de la felicidad. Y ahora, todavía suspirando, sentados en la cama uno al lado del otro, sólo atinaban a sonreír. La dicha de ambos se reflejaba claramente en sus respectivos rostros. Tras un frugal almuerzo, habían hecho el amor con tanta pasión que habían superado, incluso, hasta sus propias expectativas.”

Finalmente, la pareja logra algún tiempo de paz para vivir su amor, aunque siempre sufriendo por las actitudes de los demás, la desconfianza de los amigos y familiares, los celos del ex-marido de Antonio, los problemas con los hijos, problemas económicos. Antonia sin embargo está convencida de que “El correr de los años acrecienta las bondades y mejora las acciones de las personas”.

Con el pasar del tiempo, el amor se convierte en lo cotidiano y lo inevitable sucede. “Los juegos sexuales entre Francisco y Antonia, tan ardorosos antes, comenzaron a distanciarse poco a poco. La mujer parecía querer evitar la cercanía con su pareja, lo que éste no lograba entender pues siempre había intentado satisfacerla en cuanto ella deseara, principalmente en las artes amatorias tanto como ella lo requería, y a él le fuera posible. Y esta situación lo hizo pensar y replantearse su relación. ¿Acaso su amante ya no lo deseaba tanto como él a ella? Recordó, entonces, los comentarios y consejos de su amigo Sebastián. ¿Tendría razón éste en cuanto a los sentimientos de la mujer?”

El fin de la relación está descrito como describen algunos el fin de la vida, cuando en frente de tus ojos, pasan los fragmentos de tu vida como escenas de una película. “Un largo e incómodo silencio se produjo en el ambiente, mientras ambos se miraban a los ojos sin pestañear. Por la mente del hombre pasaron, como en una película, numerosas escenas relacionadas con Antonia. La veía al conocerla por primera vez, o al entregarle instrucciones en el trabajo, o en el momento del primer beso, o cuando ella le había contado sus problemas para concebir hijos y, también, cómo la ayudó, especialmente al recibir instrucciones de la gerencia de poner término a su contrato de trabajo y él la había defendido a muerte, salvándola del despido en dos ocasiones anteriores.”

La novela da un giro inesperado,  cuando su mejor amiga le informa sobre un hecho absolutamente impensado con relación a su pareja. La tensión aumenta gradualmente en las últimas páginas de la novela, que, cual película de suspenso, termina con una escena final llena de esperanza. El amor finalmente triunfa, los dos amantes parten juntos para continuar a vivir su historia lejos de los ojos indiscretos de los lectores.

Manuel Méndez Pladellorens
Manuel Méndez Pladellorens

Manuel Méndez Pladellorens muestra habilidades de director de cine, logrando sorprender a sus lectores, construyendo palabra por palabra, escena por escena, fotograma por fotograma una tensión erótica casi palpable. La novela es el triunfo del amor frente a los problemas cotidianos de la vida de cualquier uno de nosotros. Es una llamada de esperanza que ilumina el cielo a veces gris de nuestra vida cotidiana. Es la magia de los pequeños gestos, lo sagrado hecho carne, el amor hecho cuerpo, la historia de cualquiera y de todos.

Es un libro que bebe de las fuentes más ricas de la literatura chilena. Su autor confiesa en una entrevista que “mi interés por escribir comenzó en los tiempos del colegio, cuando leíamos a destacados escritores chilenos como, principalmente, Marta Brunet y Gabriela Mistral,  y españoles del llamado Siglo de Oro, como Federico García Lorca y Pío Baroja, entre otros. Además, en clases nos hacían escribir cuentos que después debíamos leer enfrente de nuestros compañeros. Fue, sin dudas, una experiencia muy enriquecedora. De hecho, estando yo todavía estudiando en secundaria escribí mi primer libro, “Las Doce” (cuentos), que publiqué algunos años después, y que tuvo buen éxito de ventas e interesantes comentarios de la prensa escrita. Actualmente se encuentra en las bibliotecas de las universidades de Illinois y de Texas, en EE.UU.”

La llamada de la esperanza de Manuel Méndez Pladellorens es la historia de un amor nacido en Chile, continuado en España y de ahí leída y compartida en todo el mundo.

Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin real destino
Que se llama corazón.

(Fernando Pessoa)