El Che, El comienzo del final

che-guevaraErnesto Guevara de la Serna nace en la ciudad de Rosario, Argentina, un 14 de Mayo de 1928. Es el hijo mayor de padres de clase media, Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna. Dos años después, debido a problemas bronquiales, padece de asma, el cual lo acompaña durante toda su vida, pero no le impide llevar a cabo su más grande objetivo: una Revolución. Este asma le empeorará con los años, pero lo lleva adelante sin otro remedio a su alcance.

Sin embargo, en 1945, ingresa en la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Es curiosa su elección por la medicina, ya que esta carrera está muy relacionada con el ayudar al otro, a la salud del otro, y puede ser por la personalidad de Ernesto que la elige. Esta elección le va a ser muy útil en el resto de toda su vida.

Su primer amigo, Alberto Granados, le coloca su sobrenombre, Fúser, por “Furibundo Serna” y le enseña a jugar al rugby. Juegan largos ratos, y a su vez aman el fútbol, por lo que también se pasan horas y horas jugando en el jardín de la casa de Ernesto. Les encanta tomar mate dulce, bebida típica de Argentina, y se pasan largas horas charlando de cómo sueñan, en algún momento de su vida, realizar un viaje por el mundo, de observar otras formas de vida, otras tradiciones, otras comidas, otros juegos, otras ideas, otros pensamientos.

El 1 de enero de 1950 Ernesto realiza su primer viaje solo, en una bicicleta a motor, con el objetivo de visitar a su amigo, Alberto Granados, en San Francisco (Córdoba), y a sus amigos de la infancia en Córdoba Capital.

Con este viaje recibe un poco de diversión y una vuelta al pasado, ya que se reencuentra con los amigos de su vida en la escuela. A su vez con Granados trata el tema de hacer un posible viaje por Latino-américa. Charlan lo emocionante que debe ser un viaje de esa magnitud, donde no sólo se recorren diversos lugares, sino también diversas culturas y formas de vivir que no se asemejan en los más mínimo a lo que uno cree. Alberto le dice a Ernesto que ese viaje lo viene soñando desde los 13 años. Por lo tanto, comienzan a preparar la moto, la “poderosa II”, y en lo único que se ocupan es en dejarla lista, en recorrer ciento de miles de kilómetros en busca de nuevas experiencias, de nuevos sentimientos.

Luego de estas visitas, se dirige hacia el Noroeste, para conocer a las provincias más pobres y atras- adas del país, como Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja.

Vuelve por San Juan, Mendoza y San Luis, recorriendo en su viaje un total de 4500 kilómetros. Un año más tarde, en 1951, se decide llevar a cabo el viaje hacia América Latina, junto a su amigo

Alberto Granados. Por fin sienten que su sueño de la infancia puede hacerse realidad y por más que tengan obligaciones, dejan todo y se van, solos por el mundo, con su moto la poderosa II, a vivir nuevas experiencias.

Parten el 29 de Diciembre de ese mismo año de la ciudad de Córdoba. Desde este momento, Ernesto comienza a escribir un diario en el que imprime todas sus vivencias e imágenes que le que- dan grabadas a través de los ojos, para que después sea leído por alguien, que va a ser su hija, y se conozca realmente qué hazañas realiza a lo largo de toda su vida, qué es lo que más le influye de los viajes, qué es lo que siente respecto de lo que observa en la gente, qué le produce ver una sociedad tan desigualitaria, en qué piensa cuando se imagina una Revolución, cómo llega a ser un héroe.

Comienza su viaje con Alberto en una simple moto (“la poderosa II”); Ernesto deja sus estudios uni- versitarios, y Alberto abandona su farmacia. No saben cuándo van a volver a su hogar. Sin embargo ponen todo su empeño, ya que es un viaje que sueñan hace tiempo, y ahora que tiene la posibilidad para hacerlo, todas sus energías se centran en esta travesía.

Su objetivo final es cruzar América del Sur, llegar a Venezuela por la Cordillera de los Andes atrave- sando Chile, Perú, Colombia y llegar a Caracas.

Al dejar Córdoba, se dirigen al Sur Argentino, en especial a Miramar, en donde Ernesto se despide de su novia, Chichina, quien no acepta muy alegremente el viaje, y se quedan unos días a veranear en la casa del tío de Ernesto; a su vez hay algunos amigos de él, con los que se divierten jugando al fútbol (su deporte preferido), en forma de despedida por su partida hacia los confines de América Latina.

Luego de dejar Miramar, se encaminan hacia diferentes provincias argentinas, en las cuales los dos amigos se las ingenian para poder dormir, comer y trasladarse de un lugar al otro. Lo único en lo que gastan es en lo justo y necesario; duermen en hostales precarios, y a veces hasta en carpas; la co- mida es lo que hay a su alrededor; no se desviven por comer bien, se alimentan de lo que encuentran; lo más importante para ellos es sobrevivir, viajar a través de todas las culturas diferentes que hay en su entorno y no dejar que la carencia de mucho dinero les afecte en lo que es “vivir la vida”.

En El Bolsón, una de las ciudades argentinas que recorren, no consiguen lugar para dormir, por lo que se arman una carpa que llevan con ellos; pero tampoco tienen comida, así que Ernesto comienza a buscar una casa donde pueda pedir un poco de alimento. Empieza a caminar, y a lo lejos, ve un hogar.

Se acerca, toca la puerta, y le abre una señora. Le cuenta que son dos viajeros que no tienen comida, pero la señora les niega darles algo de comer, aunque Ernesto le insiste. Sin embargo, le observa  algo raro en el cuello, y se lo comenta. Ésta le dice que hace unos días que le duele, y Guevara le ofrece revisarla, ya que le explica que son licenciados en medicina. La examina, y le dice que tiene un quiste, que tiene que hacérselo ver, porque de lo contrario le va a crecer y puede empeorarle la salud. Como Ernesto le aconseja y la ayuda, la señora le da algo de comida para que se alimente con Granados. Al irse, se siente muy orgulloso, porque es la primera vez que pone a prueba sus cono- cimientos sobre su profesión. Cuando llega adonde está Alberto, se sientan a comer al frente de una fogata que les da calor y, al finalizar, entran en la carpa a descansar. Sin embargo a la mañana siguiente, llega un señor gritando desesperado, diciendo que su señora se siente mal, y le pide a los dos médicos que lo acompañen. Luego, llegan a la casa donde Ernesto está la noche anterior, y revisa de nuevo a la señora. Le dice que su quiste empeora más y más con el paso de las horas, y que, si no se dirige a un pueblo cercano, puede fallecer. El matrimonio le dice que no tiene dinero para trasladarse, y si no puede curarla ahí, pero Ernesto le dice que no tiene los elementos necesarios para hacerlo. Sin embargo ve en esa gente una expresión de desesperación que no ve en ningún otro lado, entonces encuentra en su mochila una inyección que parece servirle. Se la da a la mujer, y el dolor cesa. Le comenta que le va a dejar unas píldoras que debe tomar durante determinada cantidad de horas, pero que no le asegura que se cure, porque la tiene que ver un especialista. De esta manera, los dos amigos se marchan, dejando atrás la vida de una mujer por la que hacen todo por salvar.

Pasan cuatro semanas recorriendo las provincias argentinas, y luego parten hacia Chile y Perú. En Chile, se dirigen a las minas de cobre de Chuquicamata, y en el camino se encuentran con una familia indígena comunista. A la luz del fuego, comen y tratan de repararse del frío, pero el Che observa las facciones de esas dos personas, que expresan en su rostro el desgaste de no tener para comer, para vivir, para protegerse del frío. Comprende en esos rostros la tristeza de dos personas que no pueden ni siquiera alimentarse ni obtener calor; que a su vez están relegados, por lo menos el hombre, al trabajo arduo de todos los días en la mina; permanentemente contrae enfermedades, por el polvo que le entra en los pulmones, y aún así, con todo el esfuerzo que realizan para ganarse la vida, no pueden vivir dignamente. Fue una de las experiencias más revelativas para Ernesto y Alberto, pero sobre todo para Ernesto, quien comienza a comprender cómo funciona este mundo.

Llegan a las minas de cobre de Chuquicamata, en la cual se explota a los indígenas de la zona para confeccionar herramientas y armas de cobre. Este lugar produce un gran impacto en la vida y visión de Ernesto; observa el grado de explotación de los obreros y la discriminación del nativo respecto del gringo. Se da cuenta que no siempre las cosas son lo que uno cree que es. Que nunca hacemos  una visión extensa de las cosas, nos limitamos a un pequeño espacio que es en el que estamos; no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Hacemos una visión muy fugaz de todo y no nos detenemos a pensar y razonar lo que sucede en nuestro entorno. Muchas veces no estamos informados y nos encontramos con cosas que no son las esperadas, pero que forman parte de la realidad. Calificamos todo de acuerdo con lo que creemos y lo que conocemos y no nos permitimos ver más allá de nuestros ojos. Lo que pasa es que el ser humano cree en lo que ve, y no se deja ir fuera de esos límites; también puede ser que no quiera ver. La experiencia en la mina permite a Ernesto y Alberto ver más allá de lo que creen.

Días después, se dirigen a Temuco. Allí, encuentran los hospitales en condiciones muy precarias; carecen de medicamentos y salas adecuadas. No hay instrumental eficiente y los baños están sucios. A su vez, el Estado Social Chileno es más bajo que el argentino; los salarios son insuficientes, hay escasez de trabajo, y se brinda poco amparo a los trabajadores, por lo que muchos chilenos emigran hacia la Argentina.

Ernesto, que por primera vez prueba el vino chileno, se vuelve loco; le fascina el gusto. El diario Austral los eleva a la categoría de expertos en leprología.Tienen problemas con la poderosa II, que comienza a tener algunas averías debido a sus largos años de existencia.

Llevan la moto a un mecánico que encuentran, y Ernesto quiere enamorar a la esposa del mecánico, pero todo termina mal porque, a la noche, en una fiesta del pueblo, el marido de la chica se da cuenta del romance y casi le pega a Ernesto.

Dejan la moto en Chile, y muy cansados por todo lo que viven, se dirigen a Perú, teniendo que esconderse en los baños del buque “San Antonio”; sin embargo los descubren y son obligados a trabajar en la cocina hasta llegar a destino.

En este tiempo, en el barco no la pasan muy bien, pero como ya están acostumbrados al traqueteo, sostienen la situación lo mejor que pueden. Comida no les falta, porque mientras limpian la cocina, toman alimento de la heladera, que no es muy sabrosa, pero mejor que nada es; y poseen cama porque les otorgan un camarote en uno de los pisos del barco.

El 23 de Marzo de 1952 llegan a Perú, para dirigirse a la ciudad de Cuzco: el Imperio sagrado de los Incas. Viajan en camiones, trenes y autobuses muy precarios que permiten que los dos jóvenes argentinos puedan observar la miseria y segregación racial a la que son sometidos los peruanos de los 50´.

Luego de mucho dolor y hambre llegan a Machu Pichu. Allí, toman muchas fotografías y se quedan contemplando el bellísimo paisaje en el que se ecuentran, el silencio y la quietud que los rodea; se quedan impactados ante semejantes construcciones, preguntándose cómo una civilización tan an- tigüa puede construir tales edificios de piedra, perfectamente colocadas una al lado de la otra; porque aunque el tiempo pasa, están intactas, y se puede apreciar la dedicación y el ingenio de los Incas. El Che se pregunta cómo puede ser que se abandone una civilización tal, con edificaciones de ese tipo, para construir las ciudades actuales, donde millones de edificios están uno al lado del otro, sin sentido social, el cual sí empleaban los Incas al construir sus ciudades.

Al descender de las ruinas, se encuentran con un peruano en el camino, que les cuenta cómo viven ellos, las miserias que sufren, las condiciones de trabajo desgastantes que tienen y que su felicidad proviene de estar con su familia, cultivar sus tierras y preocuparse por tener el dinero necesario para poder comer, vivir bajo un techo y poder vestirse. Que encuentran muchas dificultades en criar a sus hijos, porque a veces no tienen los recursos para hacerlo y tienen que trabajar más de  la cuenta, pero que de alguna forma sobreviven; no tienen mucho dinero, pero cada uno hace lo que puede para estar cada día mejor.

Cada lugar que dejan es una marca más en la vida de Ernesto y Alberto; cada lugar que visitan, la gente que conocen, sus costumbres, sus condiciones sociales, los esfuerzos que tienen que hacer para ganarse la vida, las injusticias en la distribución de los bienes entre la población, cada una de estas cosas, hace que esto dos amigos, principalmente el Che, cambien radicalmente su forma de pensar, de actuar, e incluso, su visión de la vida.

Dejando la zona de Machu Pichu se dirigen al leprosario de Huambo. Es un hospital en condiciones miserables, que se mantiene gracias a la ayuda de un grupo de vecinos.

Antes de llegar al leprosario, el 14 de Abril de 1952, Ernesto sufre un ataque de asma.

En la capital de Perú, Lima, conocen a un prestigioso sabio, el doctor Salvador Pesce, un médico sa- lubrista militante del Partido Comunista Peruano, fundador del leprosario de Huambo. Es un pensa- dor ilustre del Siglo XX, como humanista, médico y filósofo. Es docente en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Perú.

Luego de este encuentro, se embarcan a bordo de “La Cenepa”, en Pucallpa. Allí, comienzan a nave- gar por el Amazonas peruano. Conocen a una chica, que parece tener un amorío con los dos amigos. Llegan al leprosario de Huambo, donde el Che se da cuenta de los disparates que alguien puede lle- gar a decir. El leprosario está dividido en dos; de una lado del río, están los enfermeros, y del otro lado, están las personas enfermas. Ernesto y Granados se dirigen al otro lado del río, donde están los enfermos, y las monjas les dicen que no pueden entrar sin guantes porque se pueden contagiar. Ernesto se opone a esta limitación y saluda con la mano a cada paciente sin la menor expresión. No le importa que la enfermedad contagie o no; trata a los enfermos como a cualquier persona, con enfermedad o sin ella y obviamente, no le pasa absolutamente nada.

Trata con varios pacientes, y en el día de su cumpleaños, quiere cruzarse al otro lado del río para festejarlo con los enfermos, de los cuales se hace muy amigo; nada todo el ancho del río, con el asma a cuestas, y finalmente llega al otro lado, donde los pacientes lo alientan y lo saludan muy calurosamente cuando llega. Para él, el leprosario no tiene que estar dividido en dos, no se tiene que dividir a la gente; todos tienen que estar con todos, enfermos o no. Se divide a la gente para todo, pobres y no pobres; con problemas mentales y sin problemas mentales; con enfermedad y sin enfermedad; negros y blancos; la gente vive dividiendo y dividida de todo. No existe nada unificado, nada todo unido, no existe un todo con todos. Siempre es éste por un lado y éste por el otro. Todas somos personas, y un enfermo no es un animal extraño, es una persona como todas. Nunca todos se mezclan con todos. Siempre, todas las sociedades están sectorizadas. Según Ernesto, la división en distintas nacionalidades americanas es algo ficticio; constituímos una sola raza mestiza que no tiene que ser dividida… como todo.

En el día de su cumpleaños da un discurso en el leprosario del lado en el que están los enfermeros que resume el viaje que viene haciendo con su amigo Alberto desde hace seis meses. En dicho discurso expresa los sentimientos que está experimentando en esta travesía. Sus palabras van a quedar en la memoria por muchos años, ya que expresan lo que él opina acerca de la división en naciones americanas, que eso es algo ficticio; todos constituímos una sola raza mestiza que no tiene que ser dividida.

Al dejar el leprosario de Huambo, a bordo de la balsa “Mambo Tango” que construyen los enfermos (Mambo, porque es el baile que nace en Cuba, y Tango por el baile argentino), Ernesto y Alberto continúan su viaje a través del Río Sudamericano. Allí, sufren diversas tormentas, hasta que la corriente del río los lleva adonde les depara el destino.

De esta manera llegan a Brasil, pero en vez de quedarse en territorio brasileño, cruzan hacia Colombia. Por casualidad toman contacto con el gerente del Independiente Sporting de Colombia. Ernesto y Granados son contratados como entrenadores del equipo. Luego, juegan como miembros del mismo, y con el dinero recaudado por los servicios en el Sporting, parten hacia Bogotá.

Allí, casi son deportados y, tras varios problemas con los uniformados, deciden abandonar el país, dejándoles Colombia una mala impresión porque no comprenden la actitud policial y menos el com- portamiento de la gente.

Como resultado, cruzan la frontera hacia Venezuela por el Río Tachira. Sin embargo, el asma de Ernesto empeora sumado a la falta de dinero. Por tal razón discuten la posibilidad de que el Che regrese a Buenos Aires; realizan una conexión con un pariente que transporta mercancías entre la capital argentina y Caracas y que puede facilitar su regreso en avión. A su vez, Granados recibe un puesto como médico en un leprosario de la capital. Por lo tanto, un 26 de Julio de 1952, se depiden los dos amigos en el aeropuerto de Caracas, donde se prometen que, al terminar la carrera de Er- nesto, van a seguir juntos como investigadores o viajar un poco más por el mundo. Expresan todo lo que sienten respecto del viaje, y sobre todo Ernesto le cuenta a Alberto que ya no es el mismo de antes; que ahora ve y siente cosas que antiguamente no percibía; que esa vuelta alrededor de Latinoamérica le hace abrir bien grandes los ojos y ver con una mirada más extensa y profunda todo lo que pasa a su alrededor.

Ernesto vuelve a Buenos Aires, tras una escala de tres semanas en EE.UU, ya que el avión en el que viaja debe hacer una parada allí, pero se averia uno de los motores y el avión queda varado tres semanas.

Cuando vuelve, se ve transformado profundamente por el viaje. Termina sus estudios universi- tarios consiguiendo el título de médico el 11 de Abril de 1953. En este momento cambia de planes respecto de lo que había acordado con Granados. Al entrar en contacto con exiliados argentinos, que parten hacia la Revolución Nacionalista de Guatemala, decide acompañarlos. En consecuencia, le envía una nota a Alberto donde le explica lo que sucede. Alberto le responde que en Caracas hay muchos leprosos esperando su atención, pero el objetivo de Ernesto no es ganar plata, si bien ayuda a los pacientes; él quiere hacer algo diferente; quiere luchar por algo diferente.

Para Ernesto el segundo viaje no es uno más; es una experienca que le muestra la vida de las demás personas, pero la vida real, el desgaste que puede sufrir alguien para conseguir lo que desea, que es lo que le pasa a él después con la Revolución Cubana; sufre, se cansa, se agota, pelea, lucha, hace todo lo que está a su alcance para conseguir lo que desea, y cuando lo logra, ya el mundo no es como antes. Igualmente el gobierno día a día se ocupa de seguir emperando las cosas.

Lo que Ernesto y Alberto observan en su viaje, y lo que Ernesto percibe personalmente, no es diferente de lo que ocurre en la actualidad; los obreros siguen dando todo en su trabajo y siguen teniendo un sueldo miserable que no les alcanza ni para el pan de cada día; los que no trabajan tanto seguramente tienen más que ellos, pero por lo menos los que dan todo para ganarse la vida, son personas dignas. Guevara observa indígenas lléndose en un camión en dirección a la mina, todos apretados, con expresión de miseria en sus rostros, y ahora si bien no es tan así, la gente continúa yendo en condiciones indignantes a trabajar, por lo menos en el trabajo de las minas. Sin embargo, esas personas sí saben lo que es trabajar para vivir, se esfuerzan día a día para conseguir lo que quieren, mientras que hay otras personas que en herencia reciben dinero o a través de otras fu- entes de recursos, y no saben lo que es madrugar o trabajar a destiempo para aunque sea recibir el salario necesario para comer. Es más valioso tener una persona interior, ser alguien, que tener dinero y ser un derrochador, que no tiene conciencia de lo que es el esfuerzo.

En cambio, Ernesto no se queda con la segunda experiencia, y junto con su amigo Carlos Calica Ferrer, decide realizar un tercer viaje también por Latinoamércia.

El 7 de Junio de 1953 parten en tren hacia Bolivia. Llegan a La Paz el 11 de Junio. Allí tiene lugar un proceso revolucionario, en el que asalariados, mineros y campesinos derrocan a un Estado Mili- tarizado y se adueñan del poder político.

Ernesto conoce a Ricardo Rojo, un abogado argentino. Junto con él y Calica, salen de Bolivia hacia Perú. El 17 de Agosto de 1953 cruzan la frontera peruano-boliviana. Cuando llegan a Cuzco, el Che se dedica a recolectar material fotográfico e información para realizar un artículo junto con lo obtenido en el viaje anterior. Rojo abandona el grupo.

Ernesto y Calica se dirigen a Ecuador, donde vuelven a encontrarse con Rojo, y se relacionan con estudiantes argentinos, entre ellos, Gualo García quien viaja con Ernesto para Guatemala.

Luego, el Che decide viajar a Venezuela para reencontrarse con su viejo amigo Granados. Allí charlan sobre lo vivido en su viaje y la movilización que produce en sus vidas. Ya no son los mismos que antes y ni su mente es la misma. Alberto le cuenta a Ernesto que está muy bien con su trabajo en el leprosario y que permanentemente piensa en lo vivido en el viaje; que lo que aprendió lo aplica completamente en su vida diaria y que su visión sobre el mundo no se asemeja a la de antes.

Luego Ernesto deja Guatemala, y con ella a su amigo Granados.

En Panamá, Guevara conoce a Rómulo Escobar, quien le ofrece alojamiento en su casa. En ese país publica un artículo en la revista “Siete”, sobre las investigaciones realizadas en Machu Pichu.

Publica todas sus investigaciones, sus observaciones, sus sentimientos respecto de este lugar, muestra sus fotografías tomadas desde lo alto de las ruinas, etc.

Ernesto arriba a Costa Rica a comienzos de Diciembre. En San José, toma contacto con un grupo de cubanos y escucha por primera vez el nombre de Fidel Castro.

Más tarde, el Che se dirige a Nicaragua, donde se encuentra en la ruta con Ricardo Rojo, y juntos siguen hasta Guatemala. Sin embargo, Ernesto percibe la posibilidad de un golpe militar, por lo que repasa las direcciones de sus amigos radicados en Méjico.

Tiempo después, el Che se dirige hacia la frontera con El Salvador. Como se le vence la Visa y no lo dejan ingresar en el país, regresa a Guatemala.

Comienza una revuelta militar por parte de los militares encabezados por el Coronel Castillo desde Honduras.

Conoce a Hilda Gadea, una joven economista peruana, refugiada política, que ayuda al Che a conseguir alojamiento. De conversaciones políticas, pasan al plano personal. Ésta introduce a Ernesto en el círculo de sus relaciones y le presenta a un grupo de refugiados políticos peruanos, en su mayoría miembros del Partido Comunista. Entre ellos está Antonio Ñico López, del cual Ernesto se hace muy buen amigo. Ñico López le pone el mote de “Che”, a raíz del uso permanente que Ernesto hace de esa palabra típica del dialecto rioplatense, utilizada para convocar al otro. Este apodo, caracteriza a Guevara por el resto de su vida, ya que en un futuro es recordado por toda la humanidad como el “Che Guevara”.

En este tiempo las ideas de Ernesto evolucionan, ya que se vuelven mucho más comprometidas políticamente, con una inclinación hacia el socialismo.

Ernesto afirma que para cambiar las cosas, no hay otro medio más que una revolución violenta.  Más tarde, Hilda conduce a Ernesto hacia la frontera con Méjico. Allí, la recibe en su alojamiento, ya que es deportada de Guatemala.

Una vez en Méjico, Ernesto acude a reuniones de los exiliados cubanos, que también acuerdan en que la única forma de derrocar al dictador Batista es por medio de las armas.

Meses más tarde, Guevara conoce a Fidel Castro, con quien, en un futuro, participa de la invasión  a Cuba. Con Fidel va a llevar a cabo la Revolución más importante que va a tener la sociedad de esa

época, y que va a traer consecuencias en todos los aspectos, aunque en un futuro cambie un poco la situación.

Aquí en Méjico, Ernesto se casa con Hilda y ésta le informa que está embarazada. Ingresa en el movimiento 26 de Julio dirigido por Fidel Castro, con el objetivo de formar un grupo guerrillero en Cuba para derrocar al dictador Batista e iniciar una revolución social. El 15 de Febrero nace su hija Hilda Beatriz Guevara.

De esta manera Ernesto se interna en al ámbito revolucionario, queriendo cambiar la injusta situación social de todos, y luchar por lo que él, y muchos otros más, creen justo.

Luego de esto, no realiza más viajes; con los tres realizados le basta y le sobra.

Él comienza siendo un chico, como todos, con una forma de pensar que no está totalmente desarrollada, que en lo único que piensa es en jugar, en divertirse, en pasarla bien; pero como todos, a medida que crece, empieza a crear su forma personal de ver las cosas; termina de concretar sus pensamientos con los tres viajes realizados, que permiten a Guevara deducir el verdadero significado de la vida.

Generalmente uno razona mil veces para decir lo que piensa, pero una de las visiones de Ernesto es justamente decir lo que piensa y luchar por lo que piensa, porque para él, ése es el único camino de conseguir la felicidad propia y ajena; porque si uno se queda callado, nunca puede expresar sus opiniones, y si no se expresan las opiniones, no se puede ser libre y cambiar lo que uno cree que está mal o es injusto.

A su vez, no hace lo que hace solamente por él, lo hace por el resto; con una rara personalidad de encontar hoy en día, lo matan, un 9 de Octubre de 1967, por el sólo hecho de pensar diferente y luchar diferente; por mirar diferente, por ser diferente. Diferente, esa es la palabra que identifica al Che Guevara, ser diferente, por eso hace lo que hace, por eso sueña con lo que sueña, porque es diferente.

El ser diferente no es un crimen, es lo que posibilita cambiar nuestra situación social; el Che es diferente y por eso lo asesinan, por querer cambiar el mundo para bien, no para mal, y justamente los que lo matan, son lo que no piensan diferente, son los que hacen de este mundo algo desigual y no permiten pensar de otra manera; tampoco quieren.

Aunque muere el Che, sabe que lo hecho es lo más que puede lograr, y que nadie en este mundo es tan diferente como él.

Una de las frases que dice el Che, es que la gente todos los días se arregla el cabello, pero por qué no el corazón, y es verdad, porque muchos políticos, o la gente en general se preocupa por cosas que no son las más importantes, y no piensan en cambiar y dejar más lindas otras cosas más esenciales para la felicidad de la gente, como que todos puedan comer, que todas pueden vivir bajo un techo, o que todos puedan vestirse. Ernesto no se arregla, él ya es alguien arreglado, que tiene claro lo que quiere y no tiene miedo de luchar por lo que cree justo.

El Che no es alguien más en nuestra historia; no basta un programa en la televisión para recordar todo lo que hace por la humanidad. Lucha por la igualdad, por la paz, por ser quienes somos sin tener que escondernos detrás de un disfraz, por poder decir lo que pensamos, por que el gobierno nos deje pensar libremente, por poder ser personas. No cualquiera da todo por todos. Él se deja morir con la conciencia tranquila de que lo que hizo va a favorecer a muchísimas personas; y es la verdad. Nunca en realidad decimos: -“yo me dejo morir por vos”. En el caso de Ernesto sí, él se deja morir por todos, sin importarle su vida, importándole la de los demás. Éste es un valor que nunca más se va a encontrar, es algo muy, muy valioso, que sólo con el corazón, la ideología, la mirada de las cosas, la transparencia en los sentimientos, el valor y el coraje del Che, se puede lograr.