Viaje al Israel bíblico

Ciudad_David
Ciudad de David, Jerusalém, reconstrucción digital

Se cumplen casi dos siglos desde que el antiguo Oriente Próximo fue despertado de su largo letargo por turistas, diplomáticos y exploradores. Europa, sorprendida por el esplendor y poder cultural material de este mundo desaparecido se mostró muy interesada por el impacto de estos descubrimientos sobre los conocimientos ya heredados de la historia bíblica. La aventura del descubrimiento y el reto de la justificación de la realidad histórica de los relatos bíblicos, crearon conjuntamente un movimiento que pasó a denominarse arqueología bíblica.

La investigación del antiguo territorio de Israel, en el que se desarrolló la historia del pueblo judío junto a otros pueblos, despertó en las filas de los arqueólogos un vivo, poderoso y permanente interés. La exploración del pasado de los asentamientos humanos de aquellos lugares y una comprensión cada vez mejor de los eventos relatados por la Biblia, determinó que muchos arqueólogos dirigieran su atención hacia esta parte del Oriente Próximo. Vistos en su conjunto, los vestigios arqueológicos forman una fuente inagotable de datos con contenido histórico, religioso y cultural, que nos ofrecen la oportunidad de conocer mejor el nivel religioso y cultural de las poblaciones que vivieron en el territorio del Israel bíblico o fuera de las fronteras de este. Hasta el momento presente, los resultados obtenidos por los arqueólogos fueron remarcables, en el sentido en que se identificaron asentamientos muy antiguos, cuya memoria parecía perdida en el pasado, como por ejemplo Ur, donde vivió el patriarca Abrahán y las antiguas capitales asirio-babilónicas, Nínive y Babilón, o las del pueblo de Israel, Samaria y Jerusalén. Más allá de la ilustración general del mundo bíblico, la arqueología provee incontables contribuciones específicas.

Con todo el carácter científico de la arqueología, la mayoría de los descubrimientos importantes no son planificados en el atmosfera fría de la torre de marfil. Algunos de los más importantes hallazgos de este siglo partieron del descubrimiento casual hecho por un lugareño de la zona en cuestión. Los resultados de las exploraciones arqueológicos efectuadas en el Oriente Próximo producen distintos tipos de pruebas o testimonios arqueológicos; generalmente, pueden distinguirse dos categorías: pruebas materiales y textos escritos. Tal como es sabido, los textos escritos llamaron la atención de los medios de información y del público en gran medida, pero las pruebas materiales son igualmente relevantes en el contexto general del mundo antiguo. En la categoría de las pruebas materiales, una importancia particular la tienen los edificios y complejos arquitectónicos de las ciudades. Usualmente, durante las excavaciones arqueológicas, de un edificio solo quedan la fundación, los pavimentos y los muros – la mayoría de las veces destruidos, pero estas ruinas aseguran a menudo una base suficiente para el dibujo del edificio entero. En la mayoría de los casos el acento se ha puesto sobre las estructuras mayores del tipo: templos, palacios, fortificaciones militares, edificios públicos. Estos edificios grandes presentan una importancia especial, ya que eran el centro de las actividades de la comunidad de la que eran parte. Si queremos tener una imagen fiel del día a día del mundo antiguo, importantes son también las construcciones menos imponentes. Así, durante los últimos años, los arqueólogos han sometido a examen las casas simples y su contenido, en un intento por sorprender el sabor de la vida cotidiana de una persona simple.

Con independencia del grado de credibilidad histórica que nos encontramos en los distintos géneros veterotestamentarios, es evidente el hecho de que los datos necesitan una interpretación crítica, antes de poder ser utilizados por el historiador ocupado con el antiguo Israel. La Biblia no puede leerse como un simple documento histórico, un hecho válido para cualquier otro texto antiguo. Generalmente, los autores de los libros sagrados hebreos, eran muy selectivos con respecto al contenido de sus obras. De este modo, ellos no cuentan pura y simplemente las cosas que nosotros, los de hoy día quisiéramos conocer. La Biblia no expone una historiografía auténtica en el sentido moderno de la palabra. La palabra “historia” ni siquiera aparece en la Biblia hebrea. Por ejemplo, los autores bíblicos del siglo VIII a.C., dibujan a gran escala las actividades públicas, dramáticas de los grandes reyes, sacerdotes, reformadores y profetas, pero nos dicen poca cosa de la vida de todos los días de los judíos del Israel bíblico. Durante todo el recorrido de la Biblia no encontramos más que algunos indicios pasajeros relacionados con la apariencia de los hombres, su vestimenta y alimentación, con respecto a lo que normalmente ocurría en las calles y plazas de una ciudad común o acerca del modo de practicar la agricultura y el comercio, de qué forma escribían y guardaban los documentos, cómo se divertían, cuánto vivían, de qué enfermedades se morían y cómo se enterraban. Son precisamente estos los detalles que pone a nuestra disposición la arqueología bíblica.

La totalidad de los descubrimientos arqueológicos hechos a lo largo del tiempo, pudo reconstituir las antiguas civilizaciones de Oriente Próximo, halladas en la vecindad de Israel. A través de estas nos han sido puesto a disposición el contexto en el que podemos estudiar comparativamente la tierra de Israel, apreciando mucho mejor tanto las semejanzas con otros pueblos como las particularidades de este pueblo, pudiéndose reconstruir de esta manera el cuadro ambiental de Israel, es decir, el clima, la topografía, los recursos naturales, el agua, el comercio, los tipos de asentamientos, la demografía, etcétera. Oriente Próximo, con sus maravillosos monumentos y antiguos vestigios, fue desde siempre un lugar de atracción tanto para investigadores como para los viajeros conscientes del hecho de que el peregrinaje representa un fenómeno religioso de amplias dimensiones en el tiempo y el espacio, una componente esencial de la antropología religiosa que interesa directa e indirectamente a historiadores, geógrafos, filósofos, sociólogos, etnólogos y no en último lugar a los teólogos. Entre los vestigios materiales que más nos interesan se encuentran las ruinas de los edificios que datan de distintos periodos, los vestigios de arte, las inscripciones y cualesquiera otras cosas que ayudan a la comprensión de la historia, la vida y las costumbres de los israelitas y otros pueblos como los egipcios, los fenicios, los sirios, los asirios y los babilonios que entraron en contacto con ellos, influenciándolos. Gran importancia conservan los vestigios arqueológicos para la comprobación de la existencia de las distintas instituciones a las que iba ligada la vida del pueblo judío: los altares de piedra descubiertos manifiestan lo relatado por la Biblia acerca de la costumbre de los patriarcas de hacerle sacrificios a Yahvé y los muros de los lugares de culto y objetos del culto confirman la existencia continua de una intensa vida religiosa en la tierra santa. El marco general, histórico, religioso y étnico de la Biblia, generado por los descubrimientos arqueológicos de los últimos años, contribuyó en gran medida a la explicación, ilustración y algunas veces incluso la comprobación de las afirmaciones bíblicas en acorde con las interpretaciones de los exegetas. Sin lugar a dudas, las pruebas materiales puestas a nuestra disposición por los arqueólogos, son insuficientes para la comprensión completa de la vida y sociedad del mundo antiguo. Ellos aseguran en gran medida el conocimiento de la vida de los pueblos y las grandes metrópolis, de los planes de construcción de los edificios públicos y las casas, del emplazamiento de las calles y las plazas públicas, la decoración de los templos y los lugares de negocios. Pero todas estas pruebas materiales nos ayudan a adivinar la vida real de los hombres. Mucho más difícil es hablar de sus temores y esperanzas, las intrigas políticas, las relaciones interhumanas, la educación, la cultura y una multitud de cosas que constituyen la experiencia de la vida. Muchos de estos lugares pueden dibujarse a través de la interpretación imaginativa de los datos físicos. Pero si lo que se desea es una imagen conforme con la vida en el mundo bíblico, las pruebas físicas deben complementarse con las pruebas literarias.

Mihai Valentin Vladimirescu
Mihai Valentin Vladimirescu
Es doctor en teología, lector en la cátedra histórico-bíblica de la Facultad de Teología Ortodoxa de Craiova. Siguió cursos posuniversitarios en temas relacionados con la civilización griega y hebrea en universidades de Europa e Israel. Es redactor correspondiente de la revista Studii teologice y autor de numerosos estudios, recensiones y traducciones. Es miembro de: - European Evaluation Society, Prague, Czech Republic; - Society of Biblical Literature, Atlanta, SUA; - American Academy of Religion, Atlanta, Georgia, SUA; - European Association of Biblical Studies, Götingen, Germania; - American Schools of Oriental Research; - The European Higher Education Society, Amsterdam, Olanda; - European Distance and e-learning Network, Budapesta, Ungaria; - Asociaţia Culturală de prietenie România-Israel; - International Organization for Septuagint and Cognate Studies.