LA GUERRA DEL PACIFICO: Tercera Parte

Primera Parte

Segunda Parte

 La Guerra Del Pacifico

La Guerra Del Pacifico

CAMPAÑA DE TACNA Y ARICA Y EL TERMINO DE LA GUERRA

El 31 de diciembre de 1879 Chile realizó un desembarco de reconocimiento cerca de Tacna. Posteriormente, de acuerdo a diversos historiadores, a partir del 26 de febrero de 1880 poco más de diez mil soldados chilenos fueron desembarcados en diversos lugares aledaños sin ser atacados por los aliados.

Poco después, en la llamada “Batalla de Los Ángeles” el 22 de marzo, las tropas chilenas derrotaron a la guarnición peruana y cortaron con ello las comunicaciones de Tacna y Arica con Arequipa.

Posteriormente, el 26 de mayo, el ejército chileno derrotó a las tropas aliadas en la “Batalla de Tacna”.

Finalmente, el día 07 de junio de 1879 las últimas tropas Perú–Bolivianas fueron derrotadas en la “Batalla de Arica”, y esto tuvo vital importancia porque tras esta campaña los ejércitos del Perú y Bolivia dejaron de existir. Bolivia abandonó la guerra y el Perú debió formar un nuevo ejército.

ESTADOS UNIDOS Y LA FALLIDA CONFERENCIA DE PAZ EN ARICA

Estados Unidos gestionó una conferencia de paz entre Bolivia, Chile y Perú, la que se desarrolló el 22 de octubre de 1880 a bordo del barco de guerra norteamericano “USS Lackwamma”, que estaba anclado frente a Arica.

En esa oportunidad Chile exigió la cesión de las provincias de Antofagasta y Tarapacá, una indemnización de veinte millones de pesos oro, la desmilitarización de Arica y la devolución de las propiedades embargadas a los ciudadanos chilenos.

Los aliados se negaron a hacer cesiones territoriales en favor de Chile, y la conferencia fracasó.

A pesar de que Perú prácticamente no tenía ejercito para la defensa del territorio, el gobierno peruano se negaba a buscar la paz. Por el contrario, en conjunto con Bolivia, hacían planes a largo plazo. Producto de lo anterior, el día 11 de junio de 1880 suscribieron lo que se denominó “Estados Unidos de Perú y Bolivia”.

Y así fue como el 16 de junio la Asamblea Nacional de Bolivia y pese a no contar con fondos, aprobó continuar la guerra.

Por su parte Chile, previniendo lo anterior, aumentó la dotación de su ejército en veinte mil  hombres, llegando a enlistar poco más de cuarenta mil distribuidos a lo largo del país.

El 19 de noviembre de 1880 el ejército chileno comenzó a desembarcar en diversos lugares del sur peruano, con una dotación de poco más de veintisiete mil soldados con los cuales inició la marcha sobre Lima, capital peruana que, a ese momento era defendida por un nuevo ejército peruano que contaba entre su contingente a jóvenes sin mayor experiencia militar.

Así fue como, después de las batallas de Chorrillos y Miraflores de los días 13 y 15 de enero de 1881, las tropas chilenas entraron en Lima el 17 de enero, provocando incendios y saqueos en los poblados de Chorrillos y Barranco, pero también en Lima.

De acuerdo a las versiones de diversos historiadores, las fuerzas chilenas establecieron su autoridad desde el Palacio de Pizarro, primero con Manuel Baquedano, quien era General de Brigada cuando estalló la Guerra del Pacífico en abril de 1879, participando en este conflicto en las primeras tres campañas terrestres de Tarapacá, Tacna, Arica y Lima, abarcando el periodo comprendido entre noviembre de 1879 y enero de 1881.

Después la autoridad la ejerció Cornelio Saavedra, General e Inspector General del Ejército, quien también participó en la Guerra del Pacífico y, posteriormente, cuando se retiró de la vida militar, fue Diputado y Senador de la República representando al Partido Nacional de esa época.

Y luego Pedro Lagos, quien fue un militar chileno que destacó en la Guerra del Pacífico, siendo artífice de una de las victorias más importantes del conflicto, la toma del morro de Arica el 07 de junio de 1880.

Los tres mencionados actuaron como jefes del ejército de ocupación, e impusieron cupos de guerra a la población limeña, restableciendo, al mismo tiempo, el orden en la ciudad, principalmente en las zonas de ocupación, y se reiniciaron las actividades. Patricio Lynch quedó a cargo de la plaza hasta el final de la guerra.

OPERACIONES MILITARES

Tras la caída de Lima los despliegues de tropas chilenas eran resistidos por las guerrillas y montoneros peruanos, lo que no aparece en el mapa.

Y la resistencia peruana, basada en simples guerrillas, que había sido organizada por Avelino Cáceres, y que comprendía Cajamarca, considerada en esa época la ciudad más importante de la sierra norte del Perú,  y Arequipa, seguía acentuándose. Estaban favorecidos porque para los chilenos los lugares eran insalubres. Por otra parte, la población ayudaba a sus compatriotas en la defensa de su territorio entregándoles información oportuna y adecuada sobre los movimientos de los chilenos quienes, en cambio, con desconocimiento de los lugares, muchas veces no sabían hacia donde dirigirse en la persecución de las guerrillas.

Por otra parte, el ferrocarril desde Lima llegaba solamente hasta Chicla, lo que obligaba a los chilenos a dispersar sus fuerzas, volviéndolas vulnerables a los ataques en masa de las guerrillas, que actuaban a través de escaramuzas, persecuciones y emboscadas, las cuales fueron la norma de enfrentamiento contra los chilenos.

No obstante, el primer intento chileno de acabar con la resistencia en la sierra fue a comienzos de 1881, esto es, recién ocupada Lima, y ella fue encomendada a poco más de quinientos hombres, quienes actuaban bajo el mando de Ambrosio Letelier. Estas fuerzas marcharon desde Lima y ocuparon en forma sucesiva desde Cerro de Pasco, hasta Huancayo, y desde Chicla, última estación del ferrocarril de Lima, hasta Tarma, pero sus resultados fueron negativos, provocando aún más la rebelión de los campesinos y el reclamo de los ciudadanos de países neutrales.

ARGENTINA Y LOS ALIADOS

En diversas oportunidades Argentina se había declarado neutral. Sin embargo, era sabido que autorizaba el transporte de armas para los aliados a través de su territorio. Además, ejercía influencia en Europa y en los EE.UU. con el objetivo de detener el avance chileno en la guerra. Por otra parte, no estaba de acuerdo en que Chile se viera beneficiado con cesión de territorios, aunque sí estaba de acuerdo con una eventual indemnización monetaria. Los argentinos, en general, apoyaban a los aliados en esta guerra, lo que les hacía pensar que más pronto que tarde ellos también ingresarían en contra de Chile.

Sin embargo, el de julio de 1881, Chile y Argentina firmaron un Tratado de límites, el cual supuso una transacción por el que Chile renunció a sus pretensiones en la patagonia oriental en favor a Argentina y ésta le reconoció el completo control sobre el Estrecho de Magallanes, y la posibilidad de que Argentina ingresa a la alianza Perú–Boliviana se diluyó.

Los argentinos consideraron este Tratado una victoria para ellos, pero quienes quedaron más conformes con lo pactado fueron los chilenos que alejaron, de esta forma, el fantasma de que los transandinos ingresaran a la guerra en su contra.

En el intertanto, Nicolás Piérola, quien abandonó Lima antes de la ocupación chilena con el objetivo de seguir gobernando desde el interior del país, fue sustituido por un gobierno civil a cargo de Francisco García Calderón quien, en un comienzo, fue apoyado por Chile. Sin embargo, se negó a firmar la entrega del Departamento de Tarapacá a este país.

LA RESISTENCIA PERUANA

La resistencia militar liderada por Cáceres obtuvo diversas victorias en la región sur y centro andinas.

El segundo año de ocupación, 1882, Patricio Lynch, General en Jefe del Ejército de ocupación del Perú, ordenó invadir el valle del Río Mantaro (La Concepción y Huancayo) con una fuerza de alrededor de cinco mil  hombres bajo las órdenes del General Del Canto con el objetivo de acabar con las guerrillas. Posteriormente la expedición pasó a las órdenes de Gana.

Las tropas, con la expresa orden de ganarse la buena voluntad de la población mediante un comportamiento correcto, ocuparon sucesivamente Tarma, Jauja, Huancayo hasta Izcuchaca.

Los ataques de la guerrilla impidieron cualquier tipo de confraternización entre los chilenos y los peruanos pobladores del valle. Los días 09 y 10 de julio la guarnición chilena de “La Concepción” fue aniquilada por las montoneras peruanas en lo que se conoció como la “Batalla de la Concepción”. De este modo, las tropas chilenas se tuvieron que retirar con una pérdida de más de quinientos soldados.

Finalmente, la batalla final en Huamachuco, del 10 de julio de 1883, que fue la única batalla dirigida por Cáceres desde la creación de las guerrillas, favoreció a Chile, cesando las guerrillas como factor de combate contra los que los peruanos consideraban invasores.

EL TERMINO DE LA GUERRA

Uno de los primeros en señalar que la guerra debía terminar fue Miguel Iglesias, ministro de defensa de Piérola, antes de la caída de Lima, quien había llegado al convencimiento de que la guerra debía ser terminada o que destruiría al Perú. En su opinión, era inconcebible que continuara la sangría cuando resultaba evidente que la derrota peruana era irreversible.

Muchos observadores neutrales eran también de la misma opinión. Lo mismo ocurría con Europa y el resto de América, quienes se veía como un grave absurdo que la guerra continuara indefinidamente.

El 31 de agosto de 1882 Iglesias lanzó el llamado Grito de Montán,  y proclamó su autoridad sobre siete departamentos peruanos: Piura, Cajamarca, Amazonas, Loreto, Lambayeque, La Libertad y Áncash. Patricio Lynch, aunque escéptico al comienzo, tras la experiencia con García Calderón, lo apoyó.

RENDICIÓN INCONDICIONAL DE IGLESIAS

(EL LLAMADO “GRITO DE MONTÁN”)

El “Grito de Montán” o “Manifiesto de Montán” es el nombre con el que se conoce a la proclamación o manifiesto que el general peruano Miguel Iglesias entregó a la nación peruana el 31 de agosto de 1882, en plena Guerra del Pacífico. Se denomina así por el nombre del lugar, la hacienda de Montán (Provincia de Chota, del departamento de Cajamarca), en que aparece suscrito.

Iglesias, entonces jefe militar y político de los departamentos del Norte, proclamó la necesidad de acordar la paz con Chile, aún si ella implicase la cesión de las provincias del sur, pues consideraba que Perú había ya perdido la guerra en 1881 con la caída y ocupación de Lima, y que era necesario apartar del azote bélico a las poblaciones peruanas que, como base de su argumento, continuamente sufrían las represalias de los chilenos, entre matanzas y daños de todo género.

De acuerdo a la Carpeta Pedagógica Peruana (que cuenta con numerosos resúmenes y artículos sobre su propia historia), que se transcribe textual a continuación:

“En Agosto de 1882, Iglesias da el Grito de Montán, que no fue otra cosa que una  rendición incondicional a los chilenos. Cobarde manifiesto público por el cual proponía entablar negociaciones de paz con los chilenos de manera incondicional. El trasfondo de esto fue el temor que tuvo Iglesias a una rebelión campesina antifeudal que ponga fin a un régimen injusto y opresor que pesaba sobre los campesinos y encumbrara a Cáceres en el poder. Recordemos que Iglesias era uno de los más ricos terratenientes del norte. En otras palabras, con el propósito de salvar sus haciendas y las de sus colegas los gamonales del norte y evitar ver perjudicados sus intereses como terrateniente, Iglesias no vacila en entregarse a un enemigo que había masacrado a nuestro pueblo en tres años de infausta guerra, honestamente repugnante.”


“En Noviembre del mismo año (25 de noviembre de 1882), una asamblea legislativa reunida en Cajamarca nombró a Miguel Iglesias Presidente Regenerador, encargándosele la plena potestad de negociar y firmar la paz con los chilenos. Cáceres no reconoce este gobierno y mantiene su inquebrantable voluntad de luchar contra el invasor. Obviamente los chilenos reconocen y protegen a este gobierno títere dado que iba a ser el instrumento dócil por el cual obtendrían todas sus exigencias y demandas.”

La tratativas de paz se iniciaban cada vez con mayor fuerza, pero no fue si no hasta el 03 de mayo de 1883 cuando, por fin, se convinieron las bases entre de la paz entre Lavalle y Mariano Castro Zaldívar, por parte del Perú, y entre Jovino Novoa Vidal, por Chile. Este Convenio fue confirmado con la firma de Miguel Iglesias en Cajamarca.

 

¿POR  QUE CHILE GANO LA GUERRA?

Existen diversas opiniones entregadas en variados escritos, pero hoy, con el pasar del tiempo, adquieren mayor relevancia las siguientes versiones:

El historiador Norteamericano William Sater señala en su libro “Tragedia Andina. La Lucha en la Guerra del Pacífico. 1879 – 1884”, que una de las razones por las cuales Chile ganó la guerra fue la mayor normalidad de su política respecto de sus pares bolivianos y peruanos.

El historiador chileno Carlos Méndez Notari agrega que fue fundamental la cohesión del estado chileno y su eficiente manejo político durante la guerra.

Por su parte, este Autor considera que uno de los motivos importantes que permitió a Chile ganar la guerra fue la excelente preparación de sus fuerzas armadas y su irrestricto apego a las normas militares y de obediencia a sus superiores.

Otro factor muy importante fue el gesto de gloria de Arturo Prat que se lanzó al abordaje del barco peruano “Huáscar” sabiendo que no tenía la menor posibilidad de salir con vida de esa acción. Esa actitud de Prat acentuó el alistamiento de miles de jóvenes en el Ejército y la Marina, que decidieron ir al frente de batalla emulando la valentía, arrojo y patriotismo del marino lo que, de alguna manera, afianzó el rumbo triunfal de Chile en esta guerra.

Esta epopeya protagonizada por Arturo Prat, que además era un ilustre abogado, es celebrada sagradamente en este país cada 21 de Mayo.

FUENTES:

“Tratado de Paz y Amistad”, de 1904 (entre Bolivia y Chile). Libro “Historia de los Conflictos entre Chile y sus vecinos” (registro de Propiedad Intelectual N° 263.278, de Manuel Méndez Pladellorens). Diarios chilenos “Las Ultimas Noticias” y “La Tercera”. Revista “Icarito”. Wikipedia. Historia del Perú (Carpeta Pedagógica con cientos de resúmenes y artículos). Extractos de presentaciones bolivianas y chilenas ante la Corte Internacional de la Haya.  Comunicados de las Cancillerías boliviana y chilena fijando sus respectivas posiciones, entre diversos otros documentos.

 

BASADO, ENTRE OTROS, EN EL LIBRO

“HISTORIA DE LOS CONFLICTOS ENTRE CHILE Y SUS VECINOS” del mismo autor

Manuel Méndez Pladellorens
Manuel Méndez Pladellorens
Escritor chileno-español. Contador. Corredor de Propiedades. Asesor en Regularización de Propiedades. Docente y Asesor y Auditor Laboral y en Normas de Subcontratación y Servicios Transitorios. Auditor Interno para Sistemas de Gestión de Calidad. Especialista en Contenidos y Diseños de Cursos. Charlista e Instructor en diversos temas (acreditado ante SENCE). Asesor en Registros de Propiedad Intelectual y en Registros de Marcas. AUTOR DE LIBROS DE LECTURA: Ha escrito diversos libros de lectura como CUENTOS (“Las Doce”, “En el Umbral de lo Inesperado”, “Univarius”, “Cartas de un Padre a su Hija, y otros relatos”, entre otros). Su libro “Las Doce”, ampliamente comentado en Chile, principalmente en los diarios “La Tercera” y “Las Últimas Noticias”, se encuentra, actualmente, en las bibliotecas de EE.UU., de las Universidades de Illinois (University of Illinois at Urbana-Champaign), y también en la Universidad de Texas. Asimismo, ha escrito NOVELAS (“El debate interminable, inicio de la controversia”, “Juramento de Silencio” y “La Llamada de la Esperanza”, entre otros), y POEMAS (“Díganle” y “Has que Existas”) y un Texto de Enseñanza Práctica: “Manual para un Atontado”. AUTOR DE DIVERSOS TEXTOS DE CAPACITACIÓN A DISTANCIA: "Legislación Laboral. Aplicación. Práctica" (dos tomos). "El Término del Contrato de Trabajo y los Fueros Laborales" (un tomo). "El Cálculo y Pago de Remuneraciones, Marco Legal y Aplicación Práctica" (dos tomos). “Las más importantes Técnicas de Venta y sus Aplicaciones Prácticas” (dos tomos). “Desarrollo de Destrezas en la Formación del Supervisor” (dos tomos). “Lo que debe saber de las Cuentas Corrientes Bancarias y de los Cheques” (un tomo). “El marco Legal y Operativo de los Fondos Mutuos y de los Depósitos a Plazo” (un tomo). “El Seguro de Cesantía y la Búsqueda de Empleo” (un tomo). “Aplicación Práctica de las Normas de Subcontratación y Servicios Transitorios” (un tomo). AUTOR DE DIVERSOS MANUALES: “Búsqueda de Empleo, Guía Básica y Consejos Prácticos”. “Manual del Postulante, Búsqueda de Empleo”. “Manual del Seguro de Cesantía”. “Manual del Vendedor Exitoso”. “Manual de la Subcontratación y de los Servicios Transitorios” EXPERIENCIA DOCENTE: más de treinta años de experiencia docente, teórica y práctica, como Charlista en materias Laborales, de Subcontratación y de Formación de Supervisores, e Instructor en cursos y seminarios (debidamente registrado y autorizado por SENCE) para trabajadores de numerosas y prestigiosas empresas. EXPERIENCIA PROFESIONAL: Subgerente Recursos Humanos de Banco Santander. Asesor Laboral del Grupo Santander. Asesor Laboral de la Universidad Mayor (empresas filiales). Asesor y Auditor Laboral de Banco del Estado sobre las normas de Subcontratación y Servicios Transitorios. Instructor Laboral de trabajadores del Banco BCI y Banco BBVA, entre diversas otras instituciones. Auditor Laboral y Charlista (normas de Subcontratación y Servicios Transitorios) de Banco de Chile. Auditor Laboral empresas Maxhuber, Retec, Logitec y empresas Lo Campino, entre numerosas otras también de gran prestigio. EDUCACIÓN SUPERIOR: Instituto Superior de Comercio: Titulado como “Contador”. Universidad de Chile: Diplomado como “Especialista en Relaciones Industriales”. Universidad Mayor: Diplomado como “Auditor Interno para Sistemas de Gestión de la Calidad”. Universidad de Santiago: Curso de Especialización sobre la “Reforma Laboral DL 2200”. ACOP: “Corredor De Propiedades”. Además, ha continuado participando en diversos cursos y seminarios de perfección permanente.