La guerra del Pacifico – Segunda Parte

Primera Parte

COMBATE NAVAL DE IQUIQUE
COMBATE NAVAL DE IQUIQUE

Alianza de Perú con Bolivia  (el Tratado secreto)

Como señalamos en la Primera Parte, la compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta (CSFA) era una empresa chilena que estuvo radicada en Valparaíso, y la cual, debido a los problemas de política interna que sufría Bolivia, logró, el 27 de noviembre de 1873, una licencia de ese gobierno para explotar los depósitos de nitrato del Salar del Carmen y Las Salinas en Antofagasta, además del derecho a construir un ferrocarril desde Antofagasta al interior.

Y en razón a las inversiones y el trabajo de Chile en Tarapacá y Antofagasta, Perú se vio tan afectado que consideró amenazada su supremacía en la costa del Pacífico. Esta situación provocó que suscribieran con Bolivia, el día 06 de febrero de 1873,  un Tratado secreto cuyo objetivo era, según se hizo público años después, proteger la integridad y soberanía de los países firmantes. Pero, para esos países, esto no era suficiente, e invitaron a Argentina a firmar el Pacto. El gobierno de la época estuvo de acuerdo, pero se tenía que solicitar la aprobación del Parlamento quien, a su vez, estuvo de acuerdo.

Pero existía un problema que, en las primeras conversaciones, no salió a luz: Argentina y Bolivia disputaban la zona de Tarija y ello provocó que no se llegara a ningún acuerdo. Argentina inició, entonces, conversaciones con Perú para firmar el Tratado, pero excluyendo a Bolivia. Perú no aceptó la proposición.

Mientras estos países conversaban Chile estaba negociando la compra de una fragata, la cual llegó a Chile a fines del año 1874. Se trataba de la fragata blindada “Blanco Encalada”, que dio la supremacía naval a Chile. Como consecuencia de ello, ni Perú ni Argentina quisieron comprometerse en un Tratado contra Chile.

Sin embargo, con el correr del tiempo, entre los años 1875 y 1878, comenzaron nuevamente las tensiones fronterizas por la Patagonia y, ante esa situación, Argentina buscó ingresar al pacto, pero Perú, muy diplomáticamente, rechazó la iniciativa.

Pero nuevamente, después, cuando las posibilidades de guerra de Perú y Bolivia contra Chile comenzaron a sentirse con mayor fuerza, ambos países analizaron la posibilidad de volver a ofrecer a Argentina algunos territorios chilenos a cambio de su ingreso a la guerra contra Chile.

En uno de sus escritos el historiador Gonzalo Bulnes comenta: “La síntesis del Tratado era la oportunidad, dada la condición desarmada de Chile, y el pretexto para producir el conflicto, más la ganancia del negocio que incluía a la Patagonia y al salitre”.

A su vez, el historiador Pedro Yrigoyen lo explica señalando que “perfeccionar la adhesión de la Argentina al Tratado de Alianza Perú-Boliviana, antes de que Chile recibiera sus blindados, tenía como objetivo exigir a este país, pacíficamente, el sometimiento al arbitraje de sus pretensiones territoriales”.

Por su  parte el historiador peruano Jorge Basadre señaló que uno de los motivos del Perú para firmar el Tratado, además de proteger sus salitreras, “era el temor en Lima a que Bolivia fuese atraída por Chile a una alianza contra Perú que ocuparía Tacna y Arica para entregarlos a Bolivia a cambio de entregar Antofagasta a Chile”.

Aun cuando este Tratado es en sumo grado controvertido, historiadores peruanos lo consideran legítimo, defensivo y circunstancial, además de conocido por Chile a través de espionajes.

Por otra parte, historiadores chilenos lo consideran agresivo, causante de la guerra, y escondido frente a Chile. Las razones de su secreto, la invitación a Argentina y la razón por la cual Perú no permaneció neutral en circunstancias que Bolivia no había cumplido el acuerdo de 1873 al firmar el tratado de 1874 sin informarle, son discutidas hasta hoy.

EL GUANO Y EL SALITRE

La bonanza de Perú durante muchas décadas, provenían de sus ingresos por la exportación del guano. Pero, con el correr de los años, la situación económica peruana comenzó a flaquear y por ello, el gobierno de Manuel Pardo y Lavalle creó por ley en 1873 un estanco del salitre, por el cual las empresas productoras debían regular su producción y los precios de acuerdo a las políticas del gobierno con el fin de evitar que el guano y el salitre, peruanos, compitieran.

No obstante, al darse cuenta sus costos serían mayores a las ganancias obtenidas, debió retirar la ley.  Entonces, en el año 1875 este mismo gobierno dispuso estatizar todas las empresas salitreras y de esa manera controlar el precio del salitre. No obstante, las salitreras operadas por la CSFA en Bolivia impedían al Perú controlar el precio internacional del nitrato, por lo que intentó hacer valer su influencia sobre Bolivia para impedir esa competencia. Y así fue como compró las licencias bolivianas de explotación de los recién descubiertos depósitos de “Toco”, al sur del río Loa.

Por otra parte, trató de impedir la firma del Tratado de Límites de 1874, que eximía de impuestos a las compañías chilenas del salitre, y quiso imponer una mediación de Perú y Argentina para definir las fronteras de Chile.  Fue, entonces, cuando en 1878 el socio británico de la CSFA, que era también encargado de vender el salitre peruano en Europa  (Casa Gibbs), presionó a la gerencia de la CSFA para que limitara su producción y advirtió a la gerencia que tendrían dificultades administrativas en Bolivia por encargo de su gobierno si no reducían sus expectativas.

INICIO DE LA GUERRA 

(LA GUERRA Y EL IMPUESTO DE LOS 10 CENTAVOS)

En 1875 el municipio de Antofagasta había intentado imponer un impuesto de 3 centavos a la CSFA, pero el Consejo de Estado, presidido por Serapio Reyes Ortiz, quien sería durante la crisis Ministro de RR.EE. y posteriormente Presidente de Bolivia, había rechazado el impuesto “por violar el Tratado de Límites de 1874 y la licencia de noviembre de 1873”.

Años después, en 1878, el congreso de Bolivia se abocó al estudio de la licencia a la CSFA de noviembre de 1873, basándose en una interpretación de la ley del 22 de diciembre (que dio a lugar a la licencia de 1873) que entendía que todos las renegociaciones debían ser aprobadas por el congreso. Por su parte, la empresa sostenía que sólo en caso de desavenencia entre el gobierno y la empresa.

Finalmente la Asamblea Nacional Constituyente boliviana mediante una ley del 14 de febrero de 1878 aprobó la licencia a condición de que la compañía pagara un impuesto mínimo de 10 centavos por quintal de salitre exportado.

Sin embargo, para la CSFA, el cobro del impuesto de 10 centavos sobre quintal exportado violaba la licencia de noviembre de 1873 y el artículo IV del Tratado de límites de 1874 en que Bolivia se comprometió a no subir durante 25 años los impuestos a las empresas chilenas. Por ello, la compañía se negó a pagar el impuesto y solicitó la representación del gobierno chileno, que le fue otorgada, desencadenándose un conflicto diplomático, además de un conflicto interno en el gobierno chileno pues algunos de sus miembros eran accionistas en la CSFA y otros tenían intereses invertidos en Bolivia que temían perder si el conflicto llegaba a mayores.

A lo largo de los meses siguientes, el gobierno boliviano se abstuvo de implementar la ley mientras se discutían las objeciones presentadas por el gobierno chileno. El 8 de noviembre, el canciller chileno, Alejandro Fierro, envió una nota al canciller Martín Lanza indicando que el Tratado de 1874 podría declararse nulo si se insistía en cobrar el impuesto, renaciendo los derechos de Chile anteriores a 1866.

Aunque ambas partes propusieron la resolución del conflicto por vía de un arbitraje, tal como lo contemplaba el Protocolo de 1875, éste no llegó a realizarse ya que mientras el gobierno de Chile exigía que se suspendiera la ejecución de dicha ley hasta que su legalidad fuese determinada por un árbitro, el gobierno de Bolivia exigía que el blindado Blanco Encalada y sus fuerzas navales se retiraran de la bahía de Antofagasta.

OCUPACION CHILENA DE ANTOFAGASTA

El 06 de febrero, aduciendo que la CSFA no había aceptado la nueva ley, el gobierno de Bolivia rescindió el contrato con la CSFA y ordenó embargar y rematar sus bienes para cobrar los impuestos generados desde febrero de 1878. La mañana del 11 de febrero durante una sesión especial del gabinete chileno, se recibió un mensaje del ministro plenipotenciario chileno en Bolivia en que se comunicaba la cancelación de la licencia, y se daba una orden para el embargo y el remate de los bienes de la CSFA por parte del gobierno boliviano.

Ante esa situación el presidente Aníbal Pinto ordenó la ocupación de Antofagasta, que fue realizada sin resistencia el 14 de febrero de 1879 por aproximadamente 200 soldados chilenos, todo entre el aplauso de la población mayoritariamente chilena.

La medida de fuerza del gobierno chileno inició gestiones diplomáticas en las tres cancillerías. Sin embargo, la mutua desconfianza aumentaba con los preparativos bélicos en los tres países, y las demostraciones “patrióticas” en las calles impedían un acercamiento de las posiciones. En los tres países había fuertes corrientes públicas que pregonaban la guerra y hacían temer a los mandatarios que si no iban a la guerra serían depuestos por los partidarios de la guerra. Más aún, Daza, el dictador boliviano, a pesar de ser el peor preparado para la guerra, decretó una serie de medidas contra residentes chilenos en Bolivia y sus propiedades.

El 16 de febrero, llegó a Lima el ministro boliviano Serapio Reyes con el objetivo de exigirle al gobierno peruano el cumplimiento del Tratado de Alianza defensiva de 1873. El 27 de febrero, Hilarión Daza decretó el estado de sitio en Bolivia.

Perú, que había suscrito el Tratado de Alianza Defensiva con Bolivia de carácter secreto en 1873, y al que Argentina no se adhirió finalmente, trató de persuadir al gobierno de La Paz para someterse a un arbitraje con la misión Quiñones, y ordenó preparar su armada y alistar su ejército mientras intentaba obtener de Argentina por lo menos barcos de guerra como empréstito o en compra.

Para mediar en el conflicto, Perú envió a su ministro plenipotenciario José Antonio de Lavalle a Chile con una oferta de mediación bajo la condición de que Chile se retirase de Antofagasta, pero sin la garantía de que Bolivia levantaría el embargo de la propiedad o suspendería el impuesto. El canciller chileno Alejandro Fierro consultó a de Lavalle sobre la existencia de un “Tratado Secreto” firmado con Bolivia en 1873. De Lavalle, que conocía de este hecho, al menos desde el inicio de su viaje, soslayó la pregunta y respondió que en la comisión diplomática del congreso a la que él pertenecía no se había tocado ese tema.

El 01 de marzo, el gobierno de Bolivia declaró al país en estado de guerra, dispuso la interrupción del comercio y las comunicaciones con Chile, la expulsión de los residentes chilenos, el embargo de sus bienes, propiedades e inversiones, y reversión de toda transferencia de intereses chilenos hecha con posterioridad al 8 de noviembre, cuando el gobierno chileno había advertido de las consecuencias de la no suspensión del impuesto en cuestión.

El 17 de marzo el ministro chileno en Lima exigió al gobierno peruano una declaración perentoria de neutralidad. Tres días más tarde, el presidente peruano reconoció ante el representante chileno Godoy que el Tratado secreto existía y que convocaría al congreso peruano para el día 24 de abril a fin de evaluar la actitud que se tomaría ante Chile y Bolivia. Este hecho y, principalmente, y la convocación al congreso, fueron entendidas en Chile como un ardid peruano para ganar tiempo.

El 23 de marzo de 1879, tuvo lugar la Batalla de Calama, en la que las fuerzas chilenas vencieron a un grupo de civiles bolivianos.

Finalmente, el 5 de abril de 1879, sin esperar la resolución del congreso peruano, Chile declaró la guerra a Bolivia y a Perú quien, el 6 de abril, declaró su participación en la guerra conforme al Tratado de Alianza con Bolivia.

EL COMBATE NAVAL DE IQUIQUE

La guerra entre Chile y Perú aliado con Bolivia ocurrió durante una fase de rápidos adelantos técnicos. Por ejemplo, los buques participantes tenían blindaje, ametralladoras, propulsión a vapor y cañones de retrocarga, pero también velamen y espolón. De hecho la “Esmeralda” fue hundida por el espolón del “Huáscar” y Prat murió al intentar capturar el blindado peruano por abordaje.

A comienzos de la guerra era evidente que antes de cualquier operación militar en un terreno tan difícil como el desierto de Atacama, debía ganarse el control de los mares.

El poder de la escuadra chilena se basaba en las fragatas blindadas gemelas “Cochrane” y “Blanco Encalada”.  El resto de la escuadra estaba formada por naves de madera tales como las corbetas “Chacabuco”, “O’Higgins” y “Esmeralda”, más la cañonera “Magallanes” y la goleta “Covadonga”.

Los buques capitales de la escuadra peruana eran la fragata blindada “Independencia” y el Monitor “Huáscar”. Completaban la escuadra peruana los monitores fluviales “Atahualpa” y “Manco Cápac”, más la corbeta de madera “Unión” y la cañonera de madera “Pilcomayo”.

El puerto peruano de Iquique fue bloqueado por parte de la armada chilena. En el Combate naval de Iquique, el 21 de mayo de 1879, el monitor “Huáscar”, logró hundir a la corbeta chilena “Esmeralda”.

El mismo día, en Combate naval de Punta Gruesa la fragata “Independencia” se enfrentó con la goleta “Covadonga”, la que, astutamente dirigida, logró que su adversario encallara en Punta Gruesa, en su afán de espolonear a la “Covadonga” y dónde terminó sufriendo el bombardeo de ésta.

El resultado de ese día en Iquique y Punta Gruesa caló hondo en la opinión pública de ambos países. Le dieron una victoria pírrica al Perú: el bloqueo del puerto de Iquique fue levantado y las naves chilenas fueron hundidas o abandonaron el área pero la escuadra peruana perdió a la fragata blindada de 3500 toneladas, la mayor nave de la escuadra de la marina de guerra del Perú, lo que representó un golpe irreparable para ésta.

Pese a la inferioridad numérica, el “Huáscar” mantuvo en jaque a toda la escuadra chilena durante 6 meses. El punto culminante de las correrías del “Huáscar” fue la captura del vapor “Rímac” con el regimiento de caballería Carabineros de Yungay a bordo, el 23 de julio de 1879. Este hecho causó una crisis en el gobierno chileno que provocó la renovación del mando de la Armada de Chile.

Finalmente, el 8 de octubre de 1879 el monitor “Huáscar” fue capturado por la Armada de Chile en el decisivo combate naval de Angamos, a pesar del intento de hundirlo por parte de su tripulación. La corbeta “Unión” logró escapar. La captura marcó el fin de las esperanzas peruanas en la campaña naval de la Guerra del Pacífico. Pero aún sin sus buques mayores, la Marina del Perú logró en 1880 hundir la goleta chilena “Covadonga”, el transporte “Loa” y la torpedera “Janequeo” durante el bloqueo del Callao, lo que fue una demostración de decisión y capacidad de los marinos peruanos.

CAMPAÑA DE TARAPACA

Tras la obtención del dominio marítimo, el ejército chileno comenzó la invasión del Perú el 02 de noviembre de 1879 con el desembarco de casi diez mil hombres en Pisagua, en una de los primeros desembarcos anfibios de la era moderna utilizándose, para ello, botes de fondo plano especialmente construidos para el desembarco.

Tras la neutralización de las baterías costeras por la artillería naval, los atacantes pudieron vencer a las fuerzas bolivianas y peruanas que defendían el puerto. En la marcha hacia Iquique, en la llamada “Batalla de Dolores”, Chile derrotó a los aliados el día 19 de noviembre.

En su marcha a Tarapacá, un pequeño pueblo norteño, un destacamento chileno fue derrotado por fuerzas peruanas, pero éstas, sin refuerzos ni apoyo logístico, debieron retirarse hacia Arica, y así Perú perdió el control sobre una región que albergaba un importante porcentaje de sus ciudadanos.

NOTA:

En la Tercera Parte analizaremos la campaña chilena, en Tacna y Arica. Comentaremos las gestiones de Estados Unidos para lograr la paz entre los países involucrados, y las razones de su fracaso, y revisaremos las operaciones militares desarrolladas durante el conflicto, las consecuencias de la participación de Argentina en estas disputas, como igualmente la resistencia Peruana y, finalmente, el término de la guerra.

FUENTES:

“Tratado de Paz y Amistad”, de 1904 (entre Bolivia y Chile).  Libro “Historia de los Conflictos entre Chile y sus vecinos” (registro de Propiedad Intelectual N° 263278, de Manuel Méndez Pladellorens). Diario chileno “La Tercera”. Revista “Icarito”. Wikipedia. Historia del Perú (Carpeta Pedagógica con cientos de resúmenes y artículos). Extractos de presentaciones bolivianas y chilenas ante la Corte Internacional de la Haya.  Comunicados de las Cancillerías boliviana y chilena fijando sus respectivas posiciones, entre diversos otros documentos.

 

Manuel Méndez Pladellorens
Manuel Méndez Pladellorens
Escritor chileno-español. Contador. Corredor de Propiedades. Asesor en Regularización de Propiedades. Docente y Asesor y Auditor Laboral y en Normas de Subcontratación y Servicios Transitorios. Auditor Interno para Sistemas de Gestión de Calidad. Especialista en Contenidos y Diseños de Cursos. Charlista e Instructor en diversos temas (acreditado ante SENCE). Asesor en Registros de Propiedad Intelectual y en Registros de Marcas. AUTOR DE LIBROS DE LECTURA: Ha escrito diversos libros de lectura como CUENTOS (“Las Doce”, “En el Umbral de lo Inesperado”, “Univarius”, “Cartas de un Padre a su Hija, y otros relatos”, entre otros). Su libro “Las Doce”, ampliamente comentado en Chile, principalmente en los diarios “La Tercera” y “Las Últimas Noticias”, se encuentra, actualmente, en las bibliotecas de EE.UU., de las Universidades de Illinois (University of Illinois at Urbana-Champaign), y también en la Universidad de Texas. Asimismo, ha escrito NOVELAS (“El debate interminable, inicio de la controversia”, “Juramento de Silencio” y “La Llamada de la Esperanza”, entre otros), y POEMAS (“Díganle” y “Has que Existas”) y un Texto de Enseñanza Práctica: “Manual para un Atontado”. AUTOR DE DIVERSOS TEXTOS DE CAPACITACIÓN A DISTANCIA: "Legislación Laboral. Aplicación. Práctica" (dos tomos). "El Término del Contrato de Trabajo y los Fueros Laborales" (un tomo). "El Cálculo y Pago de Remuneraciones, Marco Legal y Aplicación Práctica" (dos tomos). “Las más importantes Técnicas de Venta y sus Aplicaciones Prácticas” (dos tomos). “Desarrollo de Destrezas en la Formación del Supervisor” (dos tomos). “Lo que debe saber de las Cuentas Corrientes Bancarias y de los Cheques” (un tomo). “El marco Legal y Operativo de los Fondos Mutuos y de los Depósitos a Plazo” (un tomo). “El Seguro de Cesantía y la Búsqueda de Empleo” (un tomo). “Aplicación Práctica de las Normas de Subcontratación y Servicios Transitorios” (un tomo). AUTOR DE DIVERSOS MANUALES: “Búsqueda de Empleo, Guía Básica y Consejos Prácticos”. “Manual del Postulante, Búsqueda de Empleo”. “Manual del Seguro de Cesantía”. “Manual del Vendedor Exitoso”. “Manual de la Subcontratación y de los Servicios Transitorios” EXPERIENCIA DOCENTE: más de treinta años de experiencia docente, teórica y práctica, como Charlista en materias Laborales, de Subcontratación y de Formación de Supervisores, e Instructor en cursos y seminarios (debidamente registrado y autorizado por SENCE) para trabajadores de numerosas y prestigiosas empresas. EXPERIENCIA PROFESIONAL: Subgerente Recursos Humanos de Banco Santander. Asesor Laboral del Grupo Santander. Asesor Laboral de la Universidad Mayor (empresas filiales). Asesor y Auditor Laboral de Banco del Estado sobre las normas de Subcontratación y Servicios Transitorios. Instructor Laboral de trabajadores del Banco BCI y Banco BBVA, entre diversas otras instituciones. Auditor Laboral y Charlista (normas de Subcontratación y Servicios Transitorios) de Banco de Chile. Auditor Laboral empresas Maxhuber, Retec, Logitec y empresas Lo Campino, entre numerosas otras también de gran prestigio. EDUCACIÓN SUPERIOR: Instituto Superior de Comercio: Titulado como “Contador”. Universidad de Chile: Diplomado como “Especialista en Relaciones Industriales”. Universidad Mayor: Diplomado como “Auditor Interno para Sistemas de Gestión de la Calidad”. Universidad de Santiago: Curso de Especialización sobre la “Reforma Laboral DL 2200”. ACOP: “Corredor De Propiedades”. Además, ha continuado participando en diversos cursos y seminarios de perfección permanente.