Felipe González, verdades irrefutables

Felipe González, uno más entre los farsantes que formaron una generación de traidores a la izquierda (Mitterrand, Craxi, Blair, Fernando Henrique Cardoso o Carlos Andrés Pérez), permitió la creación de un grupo terrorista, los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), para acabar con ETA. Matar a tus propios compatriotas es lo más grave que se puede hacer en democracia, porque la grandeza de nuestro sistema consiste, entre otras muchas cosas, en reconocer y respetar la dignidad personal –aunque moralmente la hayan perdido– incluso en aquellos que luchan para acabar con la propia democracia con métodos terroristas.

Terrorismo de Estado

Soy perfectamente consciente de que otros países han recurrido también al terrorismo de Estado: la OAS en Francia y Argelia, las operaciones del SAS en Reino Unido (por cierto, que el 6 de marzo de 1988, una unidad del SAS [Special Air Service] asesinó a tres miembros del IRA en una calle de Gibraltar, después de que el gobierno de Felipe González informara de su presencia en el Peñón; testigos de este hecho afirmaron que el SAS no realizó ningún aviso y remató a los terroristas en el suelo), o el caso de los Baader-Meinhof en Alemania, pero habrá algunas cosas que debamos copiar de los países de nuestro entorno y otras que debamos rechazar con rotundidad y sin complejos.

El caso de España era diferente al de estas naciones porque éramos una novísima democracia que debería haber sido mucho más escrupulosa a la hora de controlar cualquier grupúsculo que deseara tomarse la justicia por su mano en la lucha contra ETA. La principal razón, claro está, tiene un carácter ético, pero hay también otro motivo no secundario que tiene que ver con la percepción que de nuestro país se tiene en el mundo: el franquismo fue la última dictadura de Europa Occidental, lo cual convertía a España en un lamentable anacronismo dentro del continente. Nuestra ejemplar transición (la protagonizada por el pueblo en su deseo de escribir un nuevo capítulo de su historia) modificó la imagen de nuestro país, que pasó a percibirse como una nación moderna, dinámica y autosuficiente que comenzaba a homologarse en todos los órdenes a sus vecinos europeos. En ese nuevo contexto, la etapa de los GAL ensombreció y empañó de nuevo nuestra imagen.

¿Protegido por el franquismo?

Desconozco (es materia reservada que en el mejor de los casos no se conocerá con detalle hasta pasados veinte o treinta años) hasta qué punto González fue realmente un “protegido” de los servicios secretos españoles en connivencia con los de Estados Unidos durante el tardofranquismo. Lo que sí sabemos es que González no tuvo problemas en 1974 para desplazarse a la localidad francesa de Suresnes, lugar donde se celebró el 13º congreso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en el exilio, para ser elegido secretario general del partido. Sabemos también que se movía por España a su antojo sin ser detenido ni encarcelado. Al contrario, el franquismo persiguió con inquina y crueldad sin límite a personajes como Marcelino Camacho, fundador de Comisiones Obreras, que fue un ejemplo de valentía, de honestidad y de lucha contra la desigualdad social y la injusticia. Camacho pagó cara su coherencia y pasó catorce años de su vida en las cárceles y campos de concentración franquistas. Aparte de Camacho, hay muchísimos ejemplos heroicos de resistencia frente al franquismo; Felipe González no fue uno de ellos.

La razón de que González no fuera represaliado por el franquismo fue que era considerado un líder “idóneo” para dirigir un gran partido de “izquierdas” en España. Su perfil acomodaticio no pasó inadvertido a la Internacional Socialista, donde el SPD alemán, liderado entonces por Willy Brandt, tenía un peso extraordinario. La llegada de González, como no podía ser de otro modo, también estaba apoyada por Estados Unidos para garantizar una transición “tranquila”. Lo de tranquila tenía menos que ver con los militares españoles de lo que todo este tiempo habíamos pensado. Se trataba, en realidad, de no perjudicar los intereses norteamericanos en España: mantener las bases militares establecidas durante el franquismo y garantizar la permanencia en la OTAN tras el previsible triunfo socialista. La famosa frase “Hay que ser socialista antes que marxista”, pronunciada durante el 28º congreso socialista celebrado en 1979, no era sino una renuncia expresa (otra más en el continente tras la que había expresado Erich Ollenhauer al frente del SPD alemán en 1959 o, tiempo después, Mitterrand en Francia ante sus insuficientes resultados electorales) a defender los intereses de los trabajadores, a enfrentarse a los poderosos y a construir en España un sistema social a imagen de los países nórdicos.

Comprendemos ahora, más de treinta años después, que González jamás deseó una verdadera revolución en España. A González no le cambia el poder como tantas veces pensamos de los hombres que tienen un discurso en la oposición que no llevan a la práctica cuando gobiernan, sino que llegó al Gobierno con una idea perfectamente definida de lo que quería hacer en todos los ámbitos. Es el único presidente que podría haber gobernado tomando medidas excepcionales respaldado por la fuerza del pueblo en la calle. Hay dos clases de políticos: los que quieren cambiar un país y los que tan solo buscan heredarlo. González pertenecía a este último grupo, el de los conformistas con el poder, el de los que bajan la cabeza ante el orden establecido. Igual –como antes señalaba– que Craxi, Mitterrand o Carlos Andrés Pérez, pero incomparablemente mejor presentado ante la sociedad en cuestión de marketing y propaganda. Aparte de las razones prácticas para alcanzar el poder que llevaron a la mayoría de partidos socialdemócratas a renunciar a muchos de sus postulados de izquierdas, dichas formaciones en Europa estaban apoyadas por Estados Unidos porque tanto allí como en amplios sectores políticos y sociales de la propia Europa Occidental existía verdadero pánico a dos partidos comunistas, el francés y el italiano, razón por la cual los partidos socialistas “edulcorados” que apoyaban políticas neoliberales fueron respaldados por medios de comunicación, empresarios, sindicatos y otras organizaciones. En definitiva, el sistema se garantizaba su dominio creando un procedimiento bipartidista.

Al servicio del capital

Desde su llegada al poder en 1982, el PSOE de Felipe González comenzó a aprovechar toda la estructura socioeconómica proveniente del franquismo con el fin de perpetuarse en el poder: la manipulación de Radio Televisión Española alcanzó cotas delirantes; se permitió la entrada en nuestro país de las ETT, las empresas de trabajo temporal que tanto han deteriorado las condiciones de trabajo de los españoles; se comenzó a privatizar el enorme sector público de nuestro país; se comenzó a sopesar de forma abierta la privatización de la sanidad pública con el Informe Abril; Felipe González, pese a su discurso anticlerical, dio lugar a los conciertos educativos con la Iglesia Católica que consisten en financiar con dinero público la educación en las creencias privadas de una parte de la población, la católica. Este sistema es prácticamente inédito en el contexto europeo. Tan solo Bélgica admite un procedimiento de financiación de los centros privados parecido al español, pero a cambio desarrolla un rigurosísimo control de los contenidos escolares. La legislación belga no permite la discriminación por motivos religiosos, raciales o de orientación sexual. Además, Felipe González apoyó económicamente a la Iglesia al crear la asignación del 0,52% del IRPF para la institución católica. Esta medida no fue modificada, claro está, por Jose María Aznar. Posteriormente, José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2007, aumentó la asignación hasta el 0,7%. La Iglesia tampoco paga el IBI en las más de 110.000 propiedades inmobiliarias con las que cuenta en nuestro país.

Uno de los más importantes estudios socioeconómicos acerca de lo que supusieron para nuestro país las cuatro legislaturas en las que gobernó Felipe González, fue el Informe Petras. James Petras, famoso sociólogo estadounidense, ha sido profesor de la Universidad Binghamton de Nueva York y de la Universidad de Pensilvania, y profesor adjunto en la Universidad de Saint Mary de Halifax (Canadá); también es miembro del Tribunal Bertrand Russell de los Derechos Humanos. Petras fue invitado por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en 1995 con el fin de elaborar un informe que el PSOE utilizaría para ensalzar sus “logros” económicos. Pero el informe fue condenado al olvido porque en él se detallaba sin ningún tipo de maquillaje el deterioro del mercado de trabajo que sufrió España desde mediados de los años ochenta. González nunca ha sabido lidiar con las críticas y jamás ha comprendido ni el verdadero papel de los medios de comunicación en una sociedad democrática ni que se critique su nefasta gestión económica. La manipulación informativa fue un pilar fundamental durante los gobiernos de Felipe González y en ese contexto, naturalmente, el Informe Petras no podía ver la luz. Algunas de las conclusiones del estudio de James Petras fueron las siguientes:

En el aspecto económico y laboral:

–La estrategia de modernización ha incrementado el empleo en los trabajos inestables y mal pagados para la gente joven y emplea a los trabajadores por debajo de sus niveles educativos.

–La clase trabajadora española está profundamente dividida entre una menguante minoría de trabajadores fijos y sindicados, con un salario llevadero y beneficios complementarios, y una masa creciente de trabajadores eventuales que trabajan por el mínimo y con horarios irregulares.

–La mano de obra fija y mejor pagada son normalmente los “padres” o las “madres” que entraron en el mercado laboral a finales de los 60 y a principios de los 70, durante la estrategia de industrialización nacional del tardofranquismo. La mano de obra eventual son los “hijos” e “hijas” que entraron en el mercado laboral a finales de los 80 y principios de los 90, en plena aplicación a gran escala, por parte del régimen socialista, de una estrategia económica neoliberal.

–El esquema en el trabajo es “entrada difícil y salida rápida”. La gran masa de jóvenes son hoy empleados temporales con contratos a corto plazo, de salario mínimo o por debajo de él en la mayoría de los casos.

–Los jóvenes trabajadores temporales de hoy no tienen seguridad en el empleo, y apenas organizaciones colectivas o apoyo: están atomizados y son vulnerables. Hoy la dictadura del mercado es un enemigo más formidable de los trabajadores temporales que el régimen represivo de Franco.

–En 1974, antes de las políticas socialistas de liberalización, el índice de desempleo era más o menos el mismo que en Europa; a mediados de los 80 se había multiplicado por siete y casi doblaba la tasa europea. La ironía es que la retórica “europeísta” del régimen de González, el argumento de que la liberalización era la vía para volverse europeos, encubría que la distancia entre España y Europa en realidad se había ensanchado durante su presidencia. En términos reales, el índice de paro en España aumentó hasta aproximarse al de las crisis que sacudieron Europa en los años 30, o al de los actuales países del Tercer Mundo, antes que al de la Europa moderna.

–Leyes laborales aprobadas a mediados de los 80 por el gobierno socialista socavaron el empleo estable de los trabajadores.

–La estrategia de liberalización no está dirigida a aumentar el empleo, sino a facilitar la adquisición extranjera de industrias locales y a incrementar la presión a la baja sobre los salarios para facilitar la acumulación de capital.

Petras afirmaba que el origen de esta desastrosa situación fueron las políticas neoliberales implantadas por el gobierno socialista de Felipe González.

En el orden cívico, democrático y social, las conclusiones de Petras también son demoledoras:

–La política estatal se encamina a limitar la participación ciudadana.

–La centralidad del mercado como el principal mecanismo para la modernización ha reforzado los lazos entre los negocios y el Estado, y ha fomentado los valores mercantiles dentro de la clase política. El resultado ha sido que la corrupción a gran escala ha impregnado el sistema político, minando a la ciudadanía.

–Aunque ha aumentado la renta nacional, la participación en ella de la clase trabajadora ha disminuido, y en particular el porcentaje de salarios que corresponde a los jóvenes trabajadores ha sido el que ha bajado más. Al trabajar en la economía sumergida, con sueldos por debajo del salario mínimo, o en los supuestos contratos de aprendizaje, los jóvenes empleados reciben salarios por debajo del nivel de subsistencia.

–Una reducida clase política ha marginado al grueso de la clase trabajadora de lo público y de la consulta política. El resultado es una generación mayor de trabajadores frustrada y ansiosa, y una generación joven marginada y apolítica. El “libre mercado”, como mecanismo elegido para lo que se suponía iba a ser la modernización de España, ha debilitado los lazos entre la clase trabajadora y la clase política, y ha fortalecido las estructuras estatistas-autoritarias a expensas de la sociedad civil y de la consulta pública.

Hay una frase del informe que, escrita en 1995, nos sirve para comprender el miedo que formaciones como Podemos infunden en la tradicional clase política española, y es la siguiente:

«Mientras tanto, la lucha de millones de sub y desempleados, si estuviera adecuadamente organizada, podría afectar a las políticas globales de las mismas benevolentes autoridades. Podría socavar sus esfuerzos por subvencionar a los promotores inmobiliarios urbanos y a los constructores que financian sus campañas electorales. Por esta razón, los esfuerzos para organizar políticamente a los sub y desempleados por empleos bien pagados contra los políticos neoliberales no reciben ningún apoyo financiero

Su larga sombra en Iberoamérica

Acerca de Felipe González y su apoyo al líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles, Petras dijo tres años atrás: «Felipe González trabajaba con Álvaro Uribe, el asesino, narco-presidente de Colombia. Felipe González apoyaba los grupos pro escuadrones de muerte de Centroamérica; cuando estuve en España y Grecia, pude ver cómo los partidos derechistas de El Salvador y Guatemala recibían el apoyo de Felipe González. Entonces, el hecho de que esté con Capriles no me sorprende porque Felipe González no está vendido, es alquilado. Cualquier gobernante o dirigente de la derecha puede contratarlo por una cuota. Se necesitan por lo menos 300.000 dólares para recibir los “consejos” de Felipe González. No es simplemente un reaccionario, sino que además es uno de los más corruptos e inmorales en toda la historia de la política socialdemócrata europea.»

En la actualidad, Felipe González se mueve a sus anchas en un PSOE incoherente de donde nunca ha salido un solo dirigente con el coraje y la talla intelectual necesaria para hacerle frente y demostrar la impostura histórica de tan infausto personaje. Hace tan solo unos meses se permitió la barbaridad de decir que «en la Venezuela de Nicolás Maduro se respetan menos los derechos humanos que en la dictadura de Augusto Pinochet». Cuando hablamos de derechos humanos, uno de los conceptos básicos y universales es que no puede, de ningún modo, elogiarse a un régimen o sistema político por haber violado menos que otro los derechos humanos, porque eso supone denigrar y rebajar el propio concepto de derechos humanos.

Felipe y el PSOE de hoy

González, con el cinismo al que nos tiene acostumbrados, declaró la semana pasada que le sorprende “la rabia y el odio que destila Pablo Iglesias”. La rabia del líder de Podemos la compartimos muchos. No tiene nada que ver con la rabia del resentido social, sino con la rabia de los hombres buenos; la rabia del que ve cómo sus padres se matan a trabajar durante años para jubilarse con pensiones de miseria; la rabia de ver cómo se desmonta un sector público que construimos entre todos; la rabia de ver cómo en nuestro país ganan siempre los mismos mientras se silencia y se margina a los honestos; la rabia de ver a la tercera parte de los trabajadores al borde de la miseria y padeciendo una crisis en la cual no tienen la más mínima responsabilidad; la rabia, en definitiva, de ver cómo triunfa la injusticia y la mentira en partidos como el PSOE que deberían ser instrumentos al servicio de los ciudadanos y no de los grandes poderes. En el PSOE escandaliza más que se hable de González como el responsable máximo de los GAL que de que, efectivamente, el ex presidente haya jugado ese infame papel.

Para terminar. La única línea roja del PSOE es no aplicar nunca políticas económicas de izquierdas. Cualquier otra cuestión a este respecto no será más que otra cortina de humo. Para ilustrar esta afirmación, sabiendo que el PSOE utiliza de continuo como excusa para no pactar con Podemos la imposibilidad de llevar a cabo un referéndum en Cataluña, copio literalmente el 11º punto de las resoluciones adoptadas en el Congreso de Suresnes que recoge el «reconocimiento del derecho de autodeterminación de todas las nacionalidades ibéricas». En el mismo congreso, en su Resolución sobre Nacionalidades y Regiones, el partido manifestó que «la definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español».

Publicado previamente en Laexcepcion.com

Eduardo Luis Junquera Cubiles
Eduardo Luis Junquera Cubiles
Nació en Gijón en 1970, aunque desde 1993 está afincado en Madrid. Es autor de Novela, Ensayo, Divulgación científica y Teatro. Libros: Nutrición Avanzada, Álefi, Ideología.