Conflicto en el Canal Beagle entre Argentina y Chile

PRIMERA PARTE

ORIGEN DE LOS CONFLICTOS

canal beagleDespués de más de cien años de disputas entre Chile y Argentina por la posesión de las islas Pictón, Lennox y Nueva, ubicadas entre la parte oriental del Canal Beagle y el Cabo de Hornos, en 1971 ambos países decidieran someter a arbitraje la soberanía de los territorios disputados, ante la Reina Isabel II del Reino Unido. Y al darse a conocer el fallo británico, éste fue favorable a Chile.

Sin embargo, pese a la palabra empeñada por las autoridades de la época, este fallo favorable para Chile, fue increíblemente rechazado por Argentina en enero de 1972, causando una honda impresión desfavorable en el mundo, especialmente en aquellos países que, en situaciones similares, jamás habrían incumplido el honor de su país.

Lo anterior, se consideró mundialmente todavía más grave cuando diversos historiadores internacionales recordaron el fallo del laudo arbitral de su majestad británica, Eduardo VII, del 19 de noviembre de 1902, mediante el cual la corona inglesa aceptó el criterio exigido por la República Argentina que hizo variar el limite del tratado de 1881 de la divisoria de aguas, por uno nuevo de corte de aguas, que Chile, cumpliendo su compromiso de honor aceptó sin cuestionarlo, aunque ello le significó una enorme pérdida de territorio.

Este fallo se produjo en razón a un acuerdo de arbitrajes habido entre ambos países que se efectuó el 17 de abril de 1896. Posteriormente, otro fallo, esta vez dado a conocer el 18 de abril de 1977, que también fue favorable a Chile, tampoco fue aceptado por los gobernantes argentinos pese, otra vez, a un nuevo compromiso asumido. Muchos de los ciudadanos argentinos, la enorme mayoría, consideró inaceptable que el honor de su Patria hubiera sido afectado por las autoridades de la época, pero tenían poco campo de acción. Lo que el pueblo argentino no sabía, y muchos todavía ignoran, fueron las razones que tuvieron sus gobernantes para rechazar el fallo, las cuales no fueron otras que consideraciones de carácter económicas debido a la creencia de riquezas existentes en ese lugar.

De acuerdo a diversas versiones oficiales, y otras obtenidas a través de diferentes medios, principalmente de difusión y comunicacionales, incluida la organización chilena “Corporación de Defensa de la Soberanía”, de la época, a continuación se entrega un breve resumen de las pretensiones argentinas, que no son de última data.

En primer lugar, señalaremos que el Canal Véanle se encuentra a unos pocos kilómetros al norte del paralelo 55 sur. Su nombre se debe al bergantín HMS VEANLE que, a cargo del oficial Robert Fitz Roy, arribó a este lugar en 1830. Se considera como su descubridor al teniente M. Murray de la misma nave.

Respecto de este lugar, para no afectar los intereses de Chile y de Argentina, ni aceptar una irrupción por parte de otros países, se determinó, como límite internacional, la línea que va por el centro del canal y permite la navegación a ambos lados de la frontera.

Es importante resaltar que el Laudo Arbitral de su Majestad Británica, y diversos acuerdos anteriores entre ambos países, demuestra, sin lugar a dudas, que la parte central y la occidental del Canal Véanle pertenecen completamente a Chile, y forma parte de la XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena. No obstante, es bueno precisar que en el canal corren, entre la Isla Grande de Tierra del Fuego, por el norte, y de oeste a este, diversas islas, y varias de éstas, principalmente Picton, Lennox y Nueva por el sur, que son las que Argentina no reconoce como chilenas, sino argentinas. Estas islas, sin embargo, corresponden en derecho a la comuna de Cabo de Hornos, Provincia de la Antártica Chilena, XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena.

De acuerdo a diversos historiadores, tras una larga cadena de actos desafiantes en las aguas del canal Véanle, las autoridades argentinas mostraron, en el año 1977, su rostro más abiertamente expansionista, aunque esto habría comenzado desde el mismo año 1830 en que fueron descubiertas.

En un principio esta pretensión se basaba en que los yacimientos de oro concesionados en sus tierras por Argentina, se estaban agotando por sobreexplotación, y se habían descubierto nuevos concentrados de pepitas en las islas chilenas al Sur del Véanle, Picton, Lennox y Nueva. Debido a lo anterior, en 1905, el país trasandino propuso a Chile un acuerdo que repartía “equitativamente” el canal chileno entre ambas naciones. Pero Chile, que tenía la soberanía sobre estas tierras, sólo ofreció pasar directamente al arbitraje británico, conforme lo establecían los Pactos de Mayo de 1902 para cualquier clase de litigio territorial entre ambas naciones.

Al término del gobierno de Jorge Alessandri, año 1964, solo quedaba la posibilidad de solicitar a Su Majestad Británica el arbitraje para Palena. Ese año asume como presidente Eduardo Frei Montalva quien intentó un acercamiento con Argentina llegando, incluso, a aceptar la proposición de los trasandinos en cuanto a que las diferencias fuesen sometidas a La Haya y no al árbitro británico, que era lo que invariablemente solicitaban los argentinos. En diciembre de 1966 es comunicado a las partes el Laudo Arbitral de Su Majestad Británica para Palena, que significó una pérdida para Chile de 420 kilómetros cuadrados de territorio en Alto Palena. No obstante, ninguna de las partes quedó satisfecha con el resultado de este arbitraje.

Y comenzaron nuevamente los problemas entre ambos países. Mientras acontecía esto Argentina se armaba y Chile sólo intentaba mejorar su insuficiente abastecimiento naval.

Con la llegada de Salvador Allende a la Presidencia chilena el 03 de noviembre de 1970, las relaciones mejoraron al menos temporalmente ya que los gobiernos de ambos países firmaron un documento conocido como “Compromiso”, en el que se reafirmaba la voluntad de resolver la cuestión por métodos jurídicos y pacíficos.

Sin embargo, Argentina, en desmedro de Chile, seguía comprando submarinos, corbetas y aviones que, a la larga, debilitaron la economía trasandina. Pero los grandes problemas que existían en Chile bajo el gobierno de  Salvador Allende, y el descontento generalizado contra su gobierno, provocaron el alzamiento de los militares el 11 de septiembre de 1973, encabezado por el general del ejército Augusto Pinochet Ugarte. Durante este gobierno Chile intentó comprar armamentos para poder contrarrestar la amenaza argentina. A todo esto, los integrantes de la Corte Arbitral Británica habían viajado al canal Beagle para recorrer sus aguas y visitar sus ciudades a bordo de navíos de Chile y Argentina, para cumplir con el fallo solicitado.

Así fue como el 18 de abril 1977 fue emitido el fallo con la decisión de Su Majestad Británica como árbitro del conflicto en el Canal Beagle, tras diez años de paciente trabajo, investigación, mediciones y estudios. El resultado fue, aunque no totalmente, el esperado por Chile: “La posición argentina era insostenible y las islas Picton, Lennox y Nueva eran indiscutiblemente chilenas”. En el fallo se determinaba que la isla Gable se entregaba a Argentina. Chile aceptó de inmediato el fallo pero, una vez más, Argentina no lo aceptó, provocando la sombra siniestra de una guerra inminente entre ambos países

Desde el 13 de diciembre de 1978 las escuadras de ambos países estaban listas para recibir la orden de actuar. La madrugada del 22 de diciembre de 1978 la flota argentina se dirigió hacia el Canal Beagle, en el extremo austral, en razón a la orden que el presidente de la Junta Militar argentina, teniente general Jorge Rafael Videla, había dado para iniciar la invasión de las islas Picton, Nueva y Lennox. La idea era que estas operaciones se extendieran por toda la zona sur, e incluyera bombardeos sobre las ciudades cercanas. Miles de soldados trasandinos estaban esperando la instrucción de atacar. En Chile, el contralmirante López, bajo expresas instrucciones del Almirante José Toribio Merino, dispuso el envío de los buques de la armada al encuentro de la escuadra transandina. Era cosa de horas para que los navíos se enfrentaran. Bastaba un disparo para encender la guerra. Al mismo tiempo, para confundir a los argentinos, el gobierno chileno dispuso reforzar la frontera sur, enviando, al mismo tiempo, personal militar hacia el norte y haciéndolos devolverse hacia Magallanes.

Esto también tenía por objetivo hacer creer a peruanos y bolivianos que la frontera norte era igualmente reforzada. No obstante, en la frontera con Perú y Bolivia todo parecía estar en calma. La gente hacía su vida rutinaria y cada cual volvía, después del ajetreado día, a su hogar a disfrutar del descanso con sus respectivas familias.

EL MILAGRO

El ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Hernán Cubillos, es informado por la jefatura de la Armada de la detección de las fuerzas argentinas en el sur. Se encontraban navegando cerca del Cabo de Hornos, y estaban resguardadas por aviones, con el crucero “General Belgrano” a la cabeza y algunos submarinos tras suyo. En conocimiento de lo anterior, Pinochet dispone, junto a Merino, que una flota chilena viaje a encontrarse con las fuerzas argentinas, declarándose luz roja. Entonces, miles de tropas se agazaparon en todas las zonas donde el alto mando había previsto la entrada de los argentinos por la frontera, ya sea por los Andes, Puyehue, Osorno, Aysén y Puerto Natales, entre otros.

Por su parte, los argentinos despoblaron las calles en Ushuaia; la gente, especialmente mujeres y niños, fue instada a guarecerse en lugares más seguros. Sólo militares, hábilmente escondidos, hacían presencia humana en la ciudad esperando un virtual ataque chileno.

Pero, he aquí que se produce el gran milagro.

Según los informes de inteligencia norteamericana proporcionados al Estado Mayor del Ejército Chileno, una tormentosa marea en el Cabo de Hornos había agitado más de lo normal los buques argentinos allí escondidos, produciendo profundos malestares en el personal y arriesgando la entrada hacia el Oeste. Como consecuencia de lo anterior, las condiciones del tiempo impedirían los desembarcos en tierra y los despegues de helicópteros que eran necesarios para concretar el plan de invasión, por lo que el avance argentino se detuvo de súbito en la mañana del 22 de diciembre.

El incidente se puso de inmediato en conocimiento de la Junta Militar argentina.

Este retraso permitió un último esfuerzo diplomático a instancias del Vaticano. El Papa Juan Pablo II convocó de urgencia a los cancilleres de Chile y Argentina.

Sin embargo, pocos veían en esa mediación una alternativa viable ya que a principios de año Argentina había declarado “insubsanablemente nulo” el laudo arbitral de la corona británica, que había otorgado a Chile la soberanía de las tres islas en disputa. Por lo tanto, pese a lo anterior, todavía no se podía anticipar lo que la Junta Militar argentina tenía en mente.

Tanto el Presidente de la Junta Militar que gobernaba en Argentina, teniente general Jorge Rafael Videla, como los otros integrantes de la misma, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, estaban indignados. Enfrente de cada cual tenían a sus respectivos segundos en las comandancias del Ejército, de la Aviación y de la Armada, pero era al primero, al general Orlandini, al que le cargarían los costos de lo acontecido.

LA DECISION FINAL

La tarde del día viernes 22 de diciembre de 1978 la Junta Militar argentina, con sus respectivos asesores, ya en conocimiento de lo sucedido en la zona austral con la tormenta que impidió su invasión a las islas chilenas del Beagle, debatía si aceptaba o no la mediación del Papa. Los “sí” y los “no” se sumaban en la reunión, y se reiteraban los argumentos en contra y a favor, revisando cada una de las situaciones que se podían presentar.

Unos decían que si Argentina invadía las islas en conflicto, Chile intentaría defenderlas dejando debilitada la zona fronteriza con Perú y Bolivia, posibilitando que ambos países entrasen al conflicto en contra de Chile para intentar recuperar lo que algún día fue de ellos, o desean que sea de ellos. Otros creían que también podría intervenir Brasil en el conflicto para evitar que otro país, como Argentina, creciese territorialmente más allá de lo pertinente. Se pensaba, asimismo, que Uruguay también podría intervenir en relación con Argentina, y a éstos que podrían agregarse Ecuador con relación a Perú, y Paraguay con relación a Bolivia, países entre los que todavía existían asuntos pendientes. Y todo para aprovechar, en sus respectivos beneficios, las zonas geográficas de las que pudieran apoderarse. Además, posiblemente una situación de estas características haría entrar al conflicto, aunque sea de manera disuasoria, a Estados Unidos.

Era, realmente, un problema delicado que ardía en las manos de la Junta Militar argentina, quien no se atrevía a tomar la decisión final. ¿Cómo se resolvió finalmente este delicado asunto?

 

Fuentes:

“Tratado de Paz y Amistad”, suscrito entre Chile y Argentina. Wikipedia Argentina. Libro “Juramento de Silencio” (registro de Propiedad Intelectual N° 178.235, del autor de este Ensayo). Extracto del libro de este mismo autor “Chile y su relación con países vecinos” (en preparación). Diarios chilenos “La Segunda” y “La Tercera”, de Santiago. Diario argentino “La Nación”, de Buenos Aires.

 

NOTA:            

En la segunda parte analizaremos las discrepancias entre ambos países y cómo se llegó, finalmente, al acuerdo definitivo. Por otra parte, comentaremos las declaraciones de un ex–militar argentino, describiremos un secreto descubierto por un periódico argentino y, por último, identificaremos a quienes les es reconocida la exitosa gestión que impidió la guerra entre dos naciones hermanas.

Por su relevancia, también se incluirán algunas fechas consideradas históricas con relación a este conflicto.

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Basado en el libro “Juramento de silencio” del mismo autor

Parte extractada del libro  (en preparacion) “Chile y su relacion con paises vecinos” del mismo autor

Manuel Méndez Pladellorens
Manuel Méndez Pladellorens
Escritor chileno-español. Contador. Corredor de Propiedades. Asesor en Regularización de Propiedades. Docente y Asesor y Auditor Laboral y en Normas de Subcontratación y Servicios Transitorios. Auditor Interno para Sistemas de Gestión de Calidad. Especialista en Contenidos y Diseños de Cursos. Charlista e Instructor en diversos temas (acreditado ante SENCE). Asesor en Registros de Propiedad Intelectual y en Registros de Marcas. AUTOR DE LIBROS DE LECTURA: Ha escrito diversos libros de lectura como CUENTOS (“Las Doce”, “En el Umbral de lo Inesperado”, “Univarius”, “Cartas de un Padre a su Hija, y otros relatos”, entre otros). Su libro “Las Doce”, ampliamente comentado en Chile, principalmente en los diarios “La Tercera” y “Las Últimas Noticias”, se encuentra, actualmente, en las bibliotecas de EE.UU., de las Universidades de Illinois (University of Illinois at Urbana-Champaign), y también en la Universidad de Texas. Asimismo, ha escrito NOVELAS (“El debate interminable, inicio de la controversia”, “Juramento de Silencio” y “La Llamada de la Esperanza”, entre otros), y POEMAS (“Díganle” y “Has que Existas”) y un Texto de Enseñanza Práctica: “Manual para un Atontado”. AUTOR DE DIVERSOS TEXTOS DE CAPACITACIÓN A DISTANCIA: "Legislación Laboral. Aplicación. Práctica" (dos tomos). "El Término del Contrato de Trabajo y los Fueros Laborales" (un tomo). "El Cálculo y Pago de Remuneraciones, Marco Legal y Aplicación Práctica" (dos tomos). “Las más importantes Técnicas de Venta y sus Aplicaciones Prácticas” (dos tomos). “Desarrollo de Destrezas en la Formación del Supervisor” (dos tomos). “Lo que debe saber de las Cuentas Corrientes Bancarias y de los Cheques” (un tomo). “El marco Legal y Operativo de los Fondos Mutuos y de los Depósitos a Plazo” (un tomo). “El Seguro de Cesantía y la Búsqueda de Empleo” (un tomo). “Aplicación Práctica de las Normas de Subcontratación y Servicios Transitorios” (un tomo). AUTOR DE DIVERSOS MANUALES: “Búsqueda de Empleo, Guía Básica y Consejos Prácticos”. “Manual del Postulante, Búsqueda de Empleo”. “Manual del Seguro de Cesantía”. “Manual del Vendedor Exitoso”. “Manual de la Subcontratación y de los Servicios Transitorios” EXPERIENCIA DOCENTE: más de treinta años de experiencia docente, teórica y práctica, como Charlista en materias Laborales, de Subcontratación y de Formación de Supervisores, e Instructor en cursos y seminarios (debidamente registrado y autorizado por SENCE) para trabajadores de numerosas y prestigiosas empresas. EXPERIENCIA PROFESIONAL: Subgerente Recursos Humanos de Banco Santander. Asesor Laboral del Grupo Santander. Asesor Laboral de la Universidad Mayor (empresas filiales). Asesor y Auditor Laboral de Banco del Estado sobre las normas de Subcontratación y Servicios Transitorios. Instructor Laboral de trabajadores del Banco BCI y Banco BBVA, entre diversas otras instituciones. Auditor Laboral y Charlista (normas de Subcontratación y Servicios Transitorios) de Banco de Chile. Auditor Laboral empresas Maxhuber, Retec, Logitec y empresas Lo Campino, entre numerosas otras también de gran prestigio. EDUCACIÓN SUPERIOR: Instituto Superior de Comercio: Titulado como “Contador”. Universidad de Chile: Diplomado como “Especialista en Relaciones Industriales”. Universidad Mayor: Diplomado como “Auditor Interno para Sistemas de Gestión de la Calidad”. Universidad de Santiago: Curso de Especialización sobre la “Reforma Laboral DL 2200”. ACOP: “Corredor De Propiedades”. Además, ha continuado participando en diversos cursos y seminarios de perfección permanente.