Poesía y filosofía en Eminescu

eminescuLa comprensión unitaria de la obra de Mihai Eminescu supone, en primer lugar, la comprensión de su concepción acerca de la relación entre poesía y filosofía. A primera vista, la necesidad de respetar este requisito básico parece de por sí aceptada. Y aun así fue incumplida, consciente o inconscientemente, incluso por los grandes eminescologos. Incumplida en el sentido de que el problema de la relación entre poesía y filosofía en la concepción eminesciana o no fue tomada en consideración, o fue tratada y apreciada como un tema cualquiera, pasando desapercibido su papel de principio fundador.

La situación se hace todavía más paradójica, incluso inaceptable, si tenemos en cuenta el hecho de que Eminescu, por su estructura psíquica, formación y opiniones, pertenece mayormente al romanticismo. Como bien se sabe, el romanticismo se caracteriza precisamente por la afirmar una solidaridad de la poesía con respecto a la filosofía, por la afirmar una unidad en todas las formas de manifestación del espíritu humano. Las vivencias del romántico son plenas e intensas, al tener como meta la comprensión del Absoluto. Él no conoce ni ama llanamente, sino que está condicionado y agitado por la sed de conocimiento y amor. Por esto, la poesía y la filosofía románticas están en una comunión latente. Eminescu, un genio de los más fecundos y con un vasto bagaje cultural, construyó una visión del mundo profundamente original, que le incluye en la categoría de los románticos, pero a la par le singulariza, por su manera personal de interpretar la relación entre poesía y filosofía. Desatender este aspecto y valorar la obra eminesciana solamente en base a unos criterios estéticos, explica la todavía dividida e incompleta imagen del “hombre representativo de la cultura rumana”[1].

Considerando que un nuevo intento de abordar este problema puede apreciarse, en última instancia, también como un hecho inocente, ofrecemos libremente nuestra comprensión de la relación entre poesía y filosofía en Eminescu. Tomamos como referente una crítica más antigua, la de Iulian Jura, desarrollada en su trabajo El mito en la poesía de Eminescu, publicado en París, 1930, donde el autor escribe: “La poesía de Eminescu no contiene una filosofía en sí misma. Eminescu tenía plena consciencia de que la poesía, en el momento en que salta al ámbito de la especulación, deja de ser poesía. Aun así, estudiando los fundamentos de la obra eminesciana, descubrimos que en ellos hay un razonamiento. Si no se trata de ‘filosofía’, ¿cuál podría ser, entonces, la naturaleza de este razonamiento? Como todos los grandes poetas, Eminescu pensaba míticamente. (…) El hecho de que Eminescu no pensara filosóficamente, sino míticamente, mantendrán muchas personas, no puede tener importancia alguna. Pero no es así. Considerando el mito como factor generador de su creación poética, esta creación puede seguirse paso por paso. Porque el recorrido de la creación poética es idéntico al recorrido del mito. El poeta, preocupado por ciertos problemas metafísicos, parte siempre, como en el mito, de la leyenda para ir hacia la idea abstracta. Nunca en sentido contrario. Todos los elementos filosóficos que utiliza el poeta no tienen, de esta manera, otro papel que el de facilitar este proceso de cristalizar lo real en lo abstracto, lo particular en lo general.”[2].

Reaccionando a estas afirmaciones, Eugen Todoran, en el trabajo Mihai Eminescu – la epopeya rumana, escribe: “El mito es, en verdad, un factor generador en la obra de Eminescu, pero al asumir este hecho no podemos admitir alegremente que el poeta pensaba míticamente, al menos en la medida en que no es necesario que, en sus obras fundamentales, el pensamiento sea mítico, si no filosófico. (…) En cualquier poema hay un pensamiento, una idea poética, pero esta idea no tiene que ser necesariamente o filosófica o mítica: ella tiene que ser, forzosamente, un pensamiento poético[3].

Ya solo las referencias de estos dos autores (que no son los únicos), pensamos que bastan para probar, en una primera fase del análisis, una dirección de la crítica de negación  total y evidente del pensamiento filosófico en Eminescu. Las buenas intenciones de estas críticas, de reconocer el valor superior de la poesía eminesciana, no pueden purgar semejante pecado. Es verdad, tal como decía Iulian Jura, que “Eminescu tenía plena consciencia de que la poesía, en el momento en que se adentra en el ámbito de la especulación, deja de ser poesía”, pero, añadimos, él sabía muy bien cuánta falta le hace la filosofía a la poesía para descubrir los sentidos profundos del mito. Con un profundo pensamiento filosófico, Eminescu recomendaba a los críticos del “espíritu nacional” del folclore: “Es verdad que la poesía no puede descifrar, sino por lo contrario lo que hace es cifrar una idea poética en los símbolos y jeroglíficos de las imágenes sensibles – solo que estas imágenes tienen que constituir la envoltura de una idea, porque de otra manera son colores mezclados sin sentido. (…) La idea es el alma y esta alma lleva dentro de forma inherente el razonamiento de su cuerpo (…) el alma, la idea de un poema lleva dentro la idea de su cuerpo, tal como la causa lleva dentro una consecuencia necesaria ligada a ella”[4].

De este fragmento resulta que, acorde a la concepción de Eminescu, la poesía, la creación de imágenes sensibles, constituye la “envoltura de una idea”, porque de otra manera estas imágenes son “colores mezclados sin sentido”; en otras palabras, la idea lleva dentro de sí “el razonamiento de su cuerpo”, de las imágenes sensibles. Y el poeta es alguien especial, que vive en un estado de elevación espiritual, de asombro, que se da cuenta de que aquello que es no es tal como los ojos del alma lo ven, sino como los “ojos” de la mente lo entienden.

Sobre un estado semejante escribía también Platón al referirse a la condición del filósofo. En el diálogo Teeteto, Platón, con la voz de Sócrates, afirma: “porque este estado: el asombro, pertenece en el grado más elevado al buscador de sabiduría; no hay otro principio de la búsqueda de sabiduría que este. (…)”[5]. La idea de que la filosofía comenzó con el asombro, expresada también por Aristóteles en su Metafísica, constituye una prueba en el apoyo de la verdad de que, en la concepción antigua, el móvil decisivo del conocimiento filosófico es de naturaleza afectiva, que sin la participación emocional y afectiva del alma, el intelecto se queda en una facultad potencial, incapaz de salir de sí mismo.

En base a unos argumentos así intentaremos demostrar, en el presente trabajo, que Eminescu no pensaba solo “míticamente”, como creía Iulian Jura, ni tampoco solo “poéticamente”, según mantiene Eugen Todoran, sino que pensaba “mítica” y “poéticamente”, porque él pensaba, en primer lugar, filosóficamente.

Para apoyar esta afirmación recurrimos a la observación de Edgar Papu con respecto a la distinción entre las nociones de pensamiento y razonamiento en Eminescu. El distinguido crítico observa que, en la lengua rumana, mientras que “el razonamiento es una expresión únicamente intelectual, el pensamiento se muestra como un exponente integral de la consciencia, que incluye también el afecto, junto con todo su agregado de intuiciones satélite”, de tal forma que “el hombre domina y gobierna su razonamiento, pero está dominado por su pensamiento o sus pensamientos[6].

Operando con esta distinción entre las nociones de razonamiento y pensamiento, Edgar Papu escribe: “Eminescu utiliza las dos, pero, naturalmente, hace predominar tajantemente la última de ellas. Como poeta, como hombre dominado por la más efervescente fantasía, como una personalidad excepcional dentro de la cual opera la naturaleza, con sus oscuras savias creadoras, con las de la tierra, el autor de El Lucero es pensativo, se deja llevar, impulsar, dominar, llenar, pesar, por los pensamientos, sean negros o sean de oro. Todas estas locuciones, aplicadas a sí mismo o a unos personajes imaginados o, al final, a los elementos de la naturaleza, se encuentran por doquier en su lírica. Ellas constituyen lo que llamaríamos el eje de sus ser. A esto se añade también su contribución de artista controlado, de espíritu reflejado, calidad con la cual busca calibrar la balanza del pensamiento en sí”[7]. Aunque la disociación de Edgar Papu es discutible, razón por la cual Ioana Em. Petrescu dice que “se revela inoperante”[8], en cuanto que en el autor de El Lucero “el pensamiento (pensamiento divino al principio, humano después) permanece estructuralmente asociado a la existencia”[9], la disociación mencionada constituye, aun así, un fundamento suficiente para ver en Eminescu a alguien agitado por pensamientos filosóficos.

George Călinescu, en su monumental crítica de la vida y obra de Eminescu, advierte en él “una gran inclinación hacia la especulación”, aunque, afirma a continuación: “Sería exagerado atribuirle una filosofía original y totalmente definida, pero la investigación exhaustiva de sus escritos y manuscritos nos posibilita afirmar que Eminescu había intentado asimilar un sistema y ajustarlo a sus interrogantes metódicos, con el esfuerzo de contestar crítica y sosegadamente”[10]. En concordancia con esta postura simplista, Călinescu escribe a continuación: “Eminescu es filósofo, pero no por la actitud contemplativa de los poemas, sino por las veleidades de método que descubrimos en sus razonamientos y que cimientan las partes especulativas de su obra. (…) A pesar de todas las desviaciones, la filosofía de Eminescu, en el sentido modesto de más arriba, es en esencia una variación, a veces incluso más, un comentario de la filosofía de Schopenhauer”[11]. Volveremos a la última idea del texto citado más tarde.

De momento, desde la perspectiva de lo que nos hemos propuesto, encontramos lícito decir que la postura de G. Călinescu sintetiza otra dirección de la crítica en cuanto a encarar la relación de Eminescu con la filosofía. Si en la dirección presentada con anterioridad se negaba incluso el pensamiento filosófico en Eminescu, en el caso de Călinescu se le reconoce la vocación de filósofo, pero se le niega la originalidad. Y esto se debe a que nunca elaboró una obra de especialidad en ensayos y tratados. Como si a Sócrates, ya que no dejó nada por escrito, se le negara la cualidad de filósofo.

La insuficiencia de la crítica de orientación călinesciana, si se nos permite llamarla así, aunque reconocemos que esta crítica es fundamental en su ámbito (parece ser que cualquier suficiencia humana tiene sus insuficiencias, si se la compara con el Absoluto, verdad razonada poética y filosóficamente en toda la obra de Eminescu), surge del hecho de que la obra de Eminescu fue puesta en relación solamente al sentido moderno del concepto de filosofía, sentido en el que por filosofía se entiende solo un modo riguroso, sistemático, de conocimiento, cimentado en la razón. Esta forma de entender la filosofía es solo un matiz de una mucho más vasta concepción tradicional del conocimiento humano, en la que la filosofía se comprendía tanto como conocimiento que como actitud, fundada tanto en la razón como en el afecto. En filosofía, el sentido último de un concepto no es el único unánimemente aceptado, como en las ciencias particulares. Por ello, la opción de Călinescu para el sentido restringido, académico, del concepto de filosofía, no es la única posible. Y otras opciones no solo son ilícitamente condenables, sino que se imponen con necesidad. Sobre todo porque la historia de la eminescología lo demuestra. “Eminescu fue original, genial no solo en su poesía, sino también en los otros componentes de su extraordinaria obra. Él se identificó en los valores, exponencialmente, con la perennidad misma de nuestro pueblo, y esto lo prueba la redondez, la monumentalidad integradora de su obra[12].

Bajo esta luz, la eminescología de los últimos decenios conforma una tercera dirección de la crítica, que se preocupa por demostrar la originalidad de la filosofía de Eminescu, restableciendo el equilibrio entre su poesía y su filosofía y ofreciendo la posibilidad de una comprensión unitaria, orgánica de la genial creación eminesciana. Consideramos la contribución de los investigadores: Constantin Noica, Rosa Del Conte, Mihai Cimpoi, Svetlana Paleologu-Matta, Constantin Barbu, Theodor Codreanu, Tudor Ghideanu, Dumitru Tiutiuca etc. Con su contribución, estos investigadores aparte de no contestar de ninguna manera el genio poético eminesciano, “desmontan” el mito según el que Eminescu sería en primer lugar poeta y, en un plano secundario, pensador y periodista, demuestran que la interpretación unitaria de la creación eminesciana abre nuevas y benéficas perspectivas incluso para la valoración estética de esta genial creación.

Con mucha razón, Mircea Eliade, en su obra Sobre Eminescu y Haşdeu escribía: “Eminescu es suficientemente grande como para dispensarse de cualquier mito y supersticiones ligadas a su nombre”[13]. Al genio (acorde a la misma concepción eminesciana) no se le destina un ángel de la guarda; el mundo que le pertenece es el de la libertad de pensamiento y sentimiento. Por esto, pensamos que no es lícito afirmar acerca de un genio si es o no es filósofo, indiferentemente del ámbito de su creación, y mucho menos cuando se trata de Eminescu. A la manera de Pitágoras, diremos que el genio supera la condición de amante de sabiduría; él es sabio y le preocupan los problemas supremos de la existencia.

Estando en posesión de la conciencia de esta verdad, no nos proponemos, en el presente trabajo, embellecer artificialmente la imagen de Eminescu. Al margen del reconocimiento, nosotros, los rumanos, y no solo nosotros, no tenemos nada que ofrecerle, porque él se nos ofreció íntegramente, y no de cualquier manera, sino con un sentido, y no con un sentido bruto, sino como una construcción ideática, “cifrada” en el lenguaje de la poesía y de la filosofía. Lo que podemos hacer, como muestra de agradecimiento y para nuestro bien, es intentar siempre “descifrar” el mensaje de su creación, para adivinar el sentido de nuestra existencia. Y, ya que en la obra de Eminescu el mensaje es preponderantemente filosófico, aunque no esté elaborado sistemáticamente, el “desciframiento” de este mensaje conforma la condición misma para comprender su obra poética y periodística en su integridad.

La dificultad de semejante empresa surge del hecho de que Eminescu tenía el sentimiento de comunión profunda entre filosofía y poesía. Orientado por vocación hacia el conocimiento de las esencias del mundo, él descubre la mitografía como raíz profunda que comparten tanto la poesía como la filosofía. Para continuar, el mérito de Eminescu está en que con un espíritu romántico conecta las dos formas de la creación, y con espíritu moderno tiene cuidado para no sacrificar las características propias de una en el altar de la otra. Anticipando unos resultados que surgirán con toda su claridad durante este trabajo, pensamos que, en el caso de Eminescu, ni la poesía ni la filosofía, fueron forzadas a sacrificar alguna parte de su originalidad, aunque se elaboraron en interdependencia y complementariedad. El mismo contenido espiritual se encuentra tanto en una como en la otra, sin que una sustituya a la otra, ya que una es revelación y la otra es búsqueda y crítica.

Para ahondar en los misterios de la espiritualidad eminesciana y para identificar el fondo de las imágenes, las características de su filosofía, implícitas y explícitas, (objetivo actual de la eminescología) hemos considerado benéfica la vinculación de Eminescu a la filosofía india, no principalmente como una fuente de inspiración, sino como un momento importante de la historia de la cultura universal, capaz de sugerir la grandeza de la obra del “hombre pleno de la cultura rumana”. Dicho de otra forma, la búsqueda principal de este trabajo es la filosofía de Eminescu, mientras que la filosofía india es utilizada solamente como término de comparación, como reflejo potente, propuesto para proyectar las dimensiones del pensamiento eminesciano.

Nuestra labor, que puede parecer pasional en ocasiones, asiste el pensamiento de descender a las profundidades de la poesía y la prosa del autor de El Lucero hasta el punto de encontrar la actitud que el poeta tenía frente a la vida y al mundo, la manera en que se le mostraba el Absoluto, para después construir el camino que asciende desde este punto hasta la idea filosófica, idea que conforma la unidad, la redondez y la originalidad de su obra.

[1] Noica Constantin, Eminescu sau gânduri despre omul deplin al culturii româneşti, Bucureşti, Editura Eminescu, 1975.

[2] Iulian Jura, Mitul în poezia lui Eminescu, Paris, Gamber, 1930, p. 4-5.

[3] Todoran Eugen, Mihai Eminescu – epopeea română,  Editura Junimea, Iaşi,  1981,  pp. 21-22.

[4] Eminescu Mihai, Literatura populară, Editura Scrisul Românesc, ediţia a II-a, pp. 34-35.

[5] Platon, Opere VI, Editura Ştiinţifică şi Enciclopedică, Bucureşti, 1989, p. 199,

[6] Papu Edgar, Poezia lui Eminescu, Editura Junimea, Iaşi, 1979, p. 234.

[7] Ídem,, p. 235.

[8] Petrescu Em. Ioana, Eminescu — Modele cosmologice şi viziune poetică, Editura Minerva, Bucureşti, 1978, p. 100.

[9] Ídem., p. 70.

[10] Călinescu George, Opera lui Mihai Eminescu, voi. I, Editura Minerva, Bucureşti, 1976, p. 558.

[11] Ídem, p. 559.

[12] Ghideanu Tudor, Istoria filosofiei româneşti, vol. I, ediţia a II-a, Editura Academici, 1985, p. 574.

[13] Eliade Mircea, Despre Eminescu şi Haşdeu, Editura Junimea, Iaşi, 1987, p. 7.

 

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Fragmento del libro La filosofía india y la creación de Mihai Eminescu – Stefan Munteanu, Niram Art Editorial

Stefan Munteanu
Stefan Munteanu
Ştefan Munteanu (5 de marzo de 1951) es licenciado en Derecho por la Universidad Al. I. Cuza de Iasi. Es doctor en Filosofía con la tesis „La filosofía india y la creación de Mihai Eminescu”. Es profesor en la universidad George Bacovia de Bacau y una presencia constante en muchas manifestaciones importantes dedicadas a la filosofía, literatura y estética. Escribió más de diez libros, entre los cuales: „La Filosofía india y la creación de Mihai Eminescu”, „Fulguraciones eminescológicas”, „Aspectos del espíritu filosófico rumano”, „El razonamiento de la metafísica de Ion Petrovici”, „La integración europea. Una perspectiva jurídico-filosófica” y „Aspectos destacados de la historia de la filosofía del derecho”. Es miembro de la Unión de los Escritores de Rumanía.